Toda
la historia y los personajes son propiedad de Lucy chan.
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::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: DAIGAKU MEMORIES
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Escrito por Lucy chan
Capítulo 9: Cena y luna
Los
días pasaron con normalidad después de la fiesta del pabellón de la tierra. Los
exámenes parciales llegaron y a los estudiantes no les quedaba otro remedio que
esforzarse lo máximo posible.
Sayuri
intentó olvidar a Kenichi durante esos días. Valían casi 1/3 de la nota
aquellas pruebas y necesitaba aprobarlas. Al menos así, podría ir más
desahogada en los finales de principios de Julio. Apenas quedaban 2 meses.
En
la facultad de periodismo todos iban como locos. De un lado para otro, de clase
a la biblioteca, de la biblioteca a clase. La cafetería seguía invadida por los
de Derecho. Aquello parecía un campo de batalla. Un vagón de metro en hora
punta. Todos estaban molestos e irritados, pero continuaban las obras y no se podía hacer nada.
La
joven de cabellos castaños bajó precipitadamente las escaleras interiores de la
facultad cargada con unos apuntes. Salía de Literatura Universal Contemporánea
y corría hacia la fotocopiadora antes de que fuera desbordada por decenas de
estudiantes. Al llevar el carnet de la universidad las fotocopias salían muy
baratas y todo el mundo se apiñaba como auténticos posesos a aquella máquina.
Al
llegar allí, la cola alcanzaba ya casi las cuarenta personas. La chica miró su
reloj, suspiró y decidió resignarse. Lo más seguro es que llegara tarde a
Redacción Periodistica, que comenzaba en media hora en el aula 211.
Una
mano tocó su hombro. Se giró bruscamente y se encontró cara a cara con Meiko, la
cual sonreía con complicidad.
-
Ven conmigo.- le dijo susurrando al oído.
Las dos muchachas salieron del edificio de la facultad y se encaminaron hacia
medicina, a unos escasos cien metros. Entraron en el hall; la rubia torció
hacia un pasillo a la izquierda de las escaleras principales y, al final,
encontraron la fotocopiadora totalmente vacía.
- Milagro!!! - aulló Sayuri al ver aquella soledad.
- Hice un buen descubrimiento, verdad? Jajaja. Hay horas "especiales"
en las que casi todo el mundo está en clase y quedan sitios totalmente vacios.
Las chicas empezaron a fotocopiar la pila de apuntes que ambas llevaban
pendientes. Les daría tiempo a asistir a Redacción Periodística.
- Me ha dicho un pajarito que Kenichi y tú habéis tomado muchas confianzas.
- ¿Como?
- Si… la noche del pabellón. Desaparecisteis como por arte de magia. Me han
dicho que os habéis vuelto muy amigos.
- ¿Quién te ha dicho eso?
Meiko se mordió el labio maliciosamente y guiñó uno de sus almendrados ojos.
- Creo que nos caímos bien… - dijo la castaña recogiendo las fotocopias.
- Después de los parciales me gustaría organizar una cena… - la muchacha apoyó
su cuerpo encima de la máquina al mismo tiempo que introducía la tarjeta de estudiante.- En un par de
semanas todo el mundo habrá terminado.
- No estaría mal.- añadió Sayuri pensativa. Sobretodo el rondó el que si
Kenichi también asistiría.
- Perfecto.- la sonrisa de Meiko deslumbró.
Y como el tiempo pasa irremediablemente para todos… esas dos semanas volaron
como arrastradas por el viento.
Sayuri estaba realmente contenta. Había aprobado todos los parciales. Le había
puesto bastante empeño. Notó visiblemente el cambio de vivir en Kiwakura.
Recordó los días de instituto y como, entre las interrupciones de sus padres
para cualquier cosa, su hermana Arisu no dejándola en paz, entrando a la
habitación cada dos por tres por cualquier tontería… no la dejaban estudiar en
absoluto. Su mente se acostumbró e ideó una especie de estrategia para
evadirlos de su mente; aunque era imposible. Nunca llegó a entender como se las
pudo arreglar para aprobar todo en aquella época. Ahora miraba el presente… una
habitación silenciosa; una compañera de piso menos ruidosa aún… sin padres,
hermana ruidosa… en otras palabras; libertad y tranquilidad. Algo que siempre
le faltó.
El timbre sonó y la muchacha volvió a la realidad. Miró su reloj, ya eran casi
las tres de la tarde! Recordó a su amiga Meiko. Le había dicho que aquella
noche, viernes, habían quedado en la plaza Hôsei, delante de la fuente, a las
9, para ir a cenar juntos.
Recogió un libro de su taquilla antes de salir corriendo para tomar el tranvia.
Últimamente iba andando debido a una molesta obsesión que tenía en aquellas
últimas semanas de que su trasero se había agrandado más de lo normal. Pero
tenía prisa. Quería pasar los apuntes de Inglés técnico a limpio ya que estaban
casi ilegibles para cualquier persona, incluso para ella misma.
Una línea de tranvía, pagada entre el Ayuntamiento y la Universidad unía esta
con el centro de la ciudad, concretamente con la plaza Yume, donde estaba
ubicado el ayuntamiento. Así los estudiantes podían desplazarse con mayor
rapidez y económicamente; claro está, teniendo el carnet de estudiante, a sus
centros de estudios.
Llegó al apartamento alrededor de las cuatro. Estaba vacío. Posiblemente
Shinobu seguiría en la facultad. Estaba bastante agobiada con los parciales,
puesto que de ellos dependía casi 1/2 nota de la recuperación de las
asignaturas pendientes del curso anterior.
La joven dejó la cartera encima de la cama y se dispuso a pasar aquellos
apuntes a limpio. Rondarían las seis y media cuando miró el reloj. Ya era
bastante tarde, así que dejó todo encima del escritorio para continuarlo en
otro momento. Tomó su albornoz, toalla y fue directa hacia el baño. La verdad
es que quería relajarse. Hasta Julio se acabaron los exámenes, pero no podía
dormirse ni dejarlo todo de lado. El pequeño cuarto de baño era tradicional
japonés. Enlosado con pequeños azulejos de color azul celeste que recubrían la
estancia entera. Pequeñas gotas de vaho los cubrían y resbalaban hasta el
suelo, también enlosado. Una pequeña ducha con una banqueta para sentarse, a la
izquierda, formaban la zona de aseo. Había una cesta de plástico rosa pegada a
la pared donde se guardaban todos los champús y geles de baño. Un pequeño
armario blanco donde se guardaban algunas toallas y, al fin, a la derecha una
bañera, rectangular y más profunda que las occidentales, con humeante agua
caliente. Los japoneses usan la bañera para relajarse, después de lavarse en la
pequeña ducha, entrando limpios.
Sayuri no se entretuvo demasiado en el baño, apenas estuvo 10 minutos en la
bañera, dejando su mente en blanco. ¿Iria Kenichi a la cena? Se suponía que si,
o al menos, eso daba a entender Meiko. La muchacha se sintió un poco extraña.
No era novedad que aquel chico le gustaba pero… tenía novia. Aquella que
interpretó a la abuela en la obra de Momotaro. Kenichi era mas bien, para
Sayuri, algo platónico e inalcanzable. Alguien que solo te puedes conformar con
observarle a distancia y soñar.
No quería pensar más en tonterías, así que emergió de su baño y cubrió su
cuerpo con el albornoz blanco. Cuando salió de la habitación, Shinobu se
encontraba en la cocina.
- ¿Qué tal el examen? - preguntó la joven castaña secando su cabello húmedo con
la toalla.
- Creo que bien.- se giró y miró a su compañera.- Puede que al fin las consiga
aprobar.- por primera vez en hacía mucho tiempo la vio sonreír.- ¿Sales esta
noche?
- Si. He quedado con unos amigos de la universidad para cenar. Me estoy
empezando a acostumbrar a todo esto ya.
- Je… no se por que Kiwakura atrae a la gente. Me da pereza volver a Niigata.
Bueno… si es que vuelvo, claro… - se quedó por un momento un poco pensativa.
- ¿Cómo que.. si vuelves?
- Pienso que todo el mundo tiene problemas con sus padres y su entorno, de un
modo u otro, y al irte a vivir a otro sitio te sientes liberada. Supongo que ya
me he acostumbrado a esto… sería difícil dejarlo y volver de nuevo a todo lo
que dejaste atrás.
El comentario de Shinobu hizo reflexionar a Sayuri y ver como mil imágenes de
su vida irrumpían en su mente. Apenas habían pasado 2 meses desde su llegada a
Kiwakura, pero parecían años, todo quedaba un poco lejos.
- En fin… - interrumpió la rubia.- No te molesto más, no quiero que llegues
tarde a tu cena por mi culpa.
- Muchas gracias… quiero que sepas que si me necesitas, para cualquier cosa,
cuenta conmigo. Más allá de que seamos simples compañeras de piso a las que
solo les une el techo en el cual dormimos.
La chica de cortos cabello sonrió ampliamente y ambas se abrazaron.
Pasadas las ocho menos veinte, Sayuri salía de su casa a toda prisa. Se había
entretenido demasiado. Llevaba el cabello extremadamente liso y suelto. Vestía
una camiseta de cuello de barca, sin mangas de color vino con unos dibujos
geométricos más claros; unos pantalones color negros con un cinturón de hebilla
redonda que caía por su cadera, lila; zapatos negros también, bastante
deportivos, sin tacón. La joven era incapaz de andar con unos, a los dos pasos
ya sentía dolores terribles en los pies. Un pequeño bolso negro y una chaqueta
vaquera oscura era todo.
Llegó a la plaza Yôsei a las ocho y cinco. Sentados en el borde de la fuente se
encontraban Kenichi, Hiroshi y las gemelas. Sayuri jadeaba levemente, se había
apresurado para no llegar tarde pero, aún así, faltaba gente.
Se saludaron todos cordialmente, hubo un momento de silencio, hasta que el
estridente sonido de un teléfono móvil cortó.
Kenichi buscó en el bolsillo de su pantalón. Enseguida lo encontró. Se disculpó
brevemente y marchó unos metros a hablar.
La muchacha castaña lo miró con detenimiento como si fuera el único punto de
atención de toda la plaza. Él se encontraba de espaldas. Observó pausadamente
sus piernas y el vaquero desgastado que llevaba; un poco ancho. Más arriba su
espalda y el jersey granate y blanco. Al seguir subiendo se topó con su nuca,
algo que a la joven le encantaba. Tersa y firme, con algunos mechones de
cabello sobre ella. Se imaginó mil y una cosas y suspiró.
Sin embargo notó como si alguien la mirara. Al girar su vista se chocó con unos
verdes e intensos ojos tras unas gafas.
- Ah! Potte… esooo… Hiroshi! - no puedo evitar ruborizarse por
una doble causa. El fallo de llamarlo por su apodo y, claro está, ese interés
por el cual la estaba mirando.- ¿Miras algo? - preguntó avergonzada y un poco
asustada.
Solamente sonrió y desvió su mirada. En ese momento Meiko llegó.
Todos marcharon rumbo hacia la pizzería donde se iba a celebrar la cena. En
cabeza se encontraban las gemelas, que, como casi siempre, estaban unidas, en
su mundo, hablando entre ellas y haciendo caso omiso a cualquier cosa que les
rodeara. A continuación, Meiko e Hiroshi; hablaban entre ellos con un tono de
voz bastante bajo, por lo que era imperceptible para oídos ajenos. Después,
Sayuri, la pobre iba sola, mirando a la pareja delantera, se sentía un poco
desplazada. Por último, Kenichi, que seguía con el móvil hablando.
Cuando llegaron a la pizzería Mediterráneo las cosas no habían cambiado
demasiado. Se sentaron alrededor de una mesa en uno de los extremos del local.
El sitio estaba decorado al estilo del sur europeo, con cierto aire toscano.
Suelos de losas de barro cocido, paredes amarillo tostado con cuadros de vivos colores
y algunos adornos de hierro forjado. Las mesas con mantel rojo y vajilla blanca
eran todo un placer a la vista. Y, lo mejor e todo, el precio del cubierto no
era demasiado elevado.
Por un instante Meiko e Hiroshi se miraron a los ojos. Ella bajó la mirada y
sonrió. A continuación le susurro algo y se sentaron. Pegados a la pared se
econtraban el joven de gafas y Kenichi; a la derecha del primero Meiko,
presidiendo la mesa; al otro extremo, Sayuri; y enfrente de los muchachos,
Yukari y Hanako.
La cena transcurrió con total normalidad. Hablando de trivialidades mezclado
con la universidad, que era, casi la mayor parte de la conversación. Por
primera vez la chica de cabellos castaños se animó a hablar y, muy animadamente
se metió de lleno en al conversación. No le era fácil tomar confianzas, pero,
cuando lo hacia, era un auténtico cáliz de buenas vibraciones.
- Y dime… - empezó Kenichi conversación a Sayuri.- Aparte de estudiar… ¿qué
haces?
- La mayor parte de mi tiempo lo dedico a estudiar. Me gusta el cine, adoro
sentarme a ver una buena película.
- ¡A mi también! El cine es una de mis pasiones. Incluso he rodado algún que
otro corto cuando iba al instituto.
- ¿En serio? Yo tuve que filmar uno para la clase de audiovisuales el año
pasado, aunque me pusieron un sobresaliente (más que nada porque creo que mi
grupo fue el único que lo presentó) cada vez que lo re-miro me entra una
vergüenza ajena terrible je, je.
- ya me lo enseñaras.
- Jajjaa está bien. Cuando vaya a Tokyo traeré el cd.
- Veo que tenemos cosas en común…
Ya era casi medianoche cuando acabaron la cena. Se levantaron entre risas.
Hanako propuso ir a algún sitio a tomar alguna copa. Meiko e Hiroshi aceptaron.
Sin embargo Sayuri se tuvo que negar ya que mañana se quería levantar temprano
para acabar de pasar todos los apuntes de Ingles técnico a limpio.
- Creo que yo también me iré.- dijo Kenichi tocando su pelo.- Tengo que
estudiar y mis padres están un poco enfadados conmigo, así que… ya nos veremos.
Se despidieron todos cordialmente. El grupo más numeroso marchó y se perdió en
la oscuridad.
El chico se ofreció a acompañar a su amiga a casa. Así que se dirigieron hacia
Jurei-Minami.
- ¿Están molestos tus padres contigo? - preguntó ella osadamente.
- Que va.-respondió con una sonrisa.- Era una mala excusa. No me apetece en
absoluto ir hacia Suitai (la zona de Kiwakura donde se concentran la mayor
parte de los bares, pubs y discotecas) Se que hay gente por allí a la cual no
tengo ganas de encontrarme. En casa se está mejor.
- A mi no me gustan las multitudes.- suspiró la chica entrelazando sus brazos y
apretándolos contra su vientre.- Japón es un país superpoblado y, vayas donde
vayas, hay gente. Hace unos años yo salía mucho por la zona de Roppongi, en
Tokyo. Acabé odiando todo. Malas amistades… personas que crees que son una cosa
y acaban siendo otra muy diferente.
- Por desgracia de ese tipo de gente hay mucha.
- A veces confías en unos… y te traicionan… a veces te enamoras de otros… y te
machacan… perdona! - ella cortó en seco.- Fue un pensamiento en voz alta, no
hagas caso.
- Y hay otras veces que, donde menos lo esperas, acabas encontrando a alguien
que te llena plenamente.
Sayuri calló. Llegaron hasta la casa de la muchacha sin darse casi cuenta.
- Gracias por acompañarme a casa.- se atrevió a decir cortando el tema
anterior.
- No me des las gracias, es un placer. Además los paseos nocturnos me relajan.
Y, de verdad, necesito relajarme.
- La universidad es bastante complicada.
- No… jeje, no es por los estudios. El amor es como una bomba de relojería. O
se trata con cuidado o te puede explotar en tus narices.
- Te entiendo… ¿problemas con tu novia?
- Si… digamos que muchas cosas se juntan en un espacio demasiado reducido como
para abarcarlas todas y acabas rebosando mal ambiente.
La sonrisa de Kenichi se borró de repente de sus labios y una expresión de
tristeza inundó su rostro.
- Si quieres desahogarte… aquí me tienes, para lo que necesites.- el tono de la
voz de Sayuri se tornó protector.
- Muchas gracias.. pero no te voy a aburrir con mis problemas.
- ¡No me aburres! - exclamó tan fuerte que casi pareció indignada- Es un placer
escuchar a los amigos. Y a mi me encanta escuchar.
- Gracias de nuevo. Da gusto tener amigos así. - hizo una breve pausa.- Conocí
a Hitomi en el colegio. Cuando la vi por primera vez el corazón me dio un vuelco. Vino nueva en
secundaria, desde Osaka. Su melenita negra al viento, los cerezos en flor,
entrando con prisa, ataviada con su uniforme, cruzando las rejas del colegio.
¿No has sentido nunca el flechazo? Por mucho que digan, existe. Desde ese
momento quedé prendado de ella, la veía como un ser idílico, perfecta, sublime…
empezamos con miradas furtivas en clase, coincidimos en varios grupos de
trabajo… Siempre hubo algo de feelling
entre nosotros. Me enamoré de ella con locura y no veía más allá de su figura.
Tuve una pelea con Hiroshi por culpa de eso. Por aquel entonces ella había cortado hacía poco con un
novio suyo de Osaka. Culpa de la distancia siempre pensé. No pude más y me declaré
a ella una tarde. Ella aceptó y… de eso hace ya un año y tres meses.
- Vaya… - Sayuri irrumpió al ver que el chico había terminado.- Es muy bonito…
pero parece que es todo bueno, no?
- Ojalá fuera todo tan perfecto… Empezamos a salir y, no se, al principio
parecía que todo muy bien, las primeras semanas… sin embargo empecé a descubrir
cosas de su pasado y me asusté. Lo hablé
con ella y me dijo que un pasado oscuro y lleno de errores que no
queremos recordar lo teníamos todo el mundo. Empezó a ser muy posesiva. No me
dejaba salir ni con Hiroshi, quería absorberme todo solo para ella. Estuvo
celosa de todas mis amigas. Con Meiko tuvo más de una entrada, pero nada
importante. (Aunque creo que no se hablan) estuvimos a punto de cortar muchas
veces, pero siempre lo acabábamos arreglando. Simplemente lo dejo pasar. ¿para
que ponerme a mal si siempre acabamos en pelea? Ella pone unas caritas tan
lindas que acabo cediendo siempre. Esta es la historia de cada día… La invité a
venir a la cena, esta noche. Pero claro, venían Meiko, Hiroshi y las gemelas
así que, según ella, se divertirá más haciéndose la pedicura.
- ¿Está estudiando aún en el colegio? Según creo haberte oído, ibais a la misma
clase.
- Repitió el año pasado. Está en último curso. Bueno… esta es la historia.
- Hombre, yo no soy quien para meterme en la vida de los demás, las relaciones
de pareja se tiene que arreglar entre ellas, sin terceros. Pero creo que
deberías aclarar cualquier problema que tengáis, no dejarlo pasar. Las cosas de
hablan, no se estancan como un trasto viejo. Vamos, esa es mi humilde opinión.
Pero no soy nadie para opinar.
- Y te lo agradezco. Mira Sayuri, eres una chica excelente y me caes muy bien,
cada vez más. Desde el primer momento en el que te vi supe que eras especial.
Te estás convirtiendo en una gran amiga: Muchas gracias por escuchar todas mis
tonterías, de verdad.
- No hay de que… en serio. Si necesitas cualquier cosa, aquí me tienes.
Kenichi se abalanzó sobre la muchacha le propinó un tierno abrazo. Ella sintió
su calidez y sus fuertes brazos rodeándola y mil mariposas volaron en su
estómago. No pudo evitar ruborizarse al máximo. Automáticamente, como si de un
dispositivo se tratara, subió sus manos y le correspondió. Pee a que era algo
totalmente inocente, o al menos, eso parecía, a la chica le pareció lo más
grande del mundo entero.
- Vaya, que tarde es.- dijo el joven dándose cuenta de la hora.- Nos vemos en
la Uni, ok?
Ella bajó la vista y asintió ocultando su rubor entre la oscuridad de la noche.
Se despidieron cordialmente y él partió. Sayuri se quedó unos segundos en
trance y subió corriendo hacia su casa. Abrió la puerta a toda prisa y sintió
su corazón encabritado en su pecho. Shinobu miraba la televisión y se le quedó
mirando curiosamente. Notó todo lo que le pasaba.
- Que…¿Has ligado? Tienes todos los síntomas.
- Calla, calla.- dijo la castaña dejando el bolso en una esquina.- Esto está
mas complicado que la ITV del Coche Fantástico…
- JAJAJAJAJAA.- la rubia empezó a reírse de forma exagerada.- No esperaba ese
comentario de ti. Eres más maja de lo que parece.
- ¿Acaso parezco antipática?
- No es eso, solo que a veces las personas dan impresiones equivocadas de lo
que son realmente.
- Me lo tomaré como un cumplido. Jeje. Me voy a la cama ya, estoy cansada.
- ¿Pero has ligado o no?
- Venga ya… - contestó Sayuri desde su habitación quitándose los zapatos. Para
un chico que merece la pena tiene novia.
- Eso si que es una mala pasada. Lo que tenga que ser será, no te preocupes por
eso.
- No, si no me preocupo en absoluto. Tengo más cosas en las que preocuparme.
Jeje, buenas noches Shinobu.
- Buenas noches.
La chica se puso el pijama y se tumbó sobre su cama, cerró los ojos y pensó en
todo lo que había pasado en aquella noche.
- No quiero enamorarme de él…
CONTINUARA
Notas de la autora: parece que
Kenichi y Sayuri han tomado confianza, verdad? Jeje Las relaciones humanas van
poco a poco, no quería meter todo en los primeros capítulos porque es bastante
irreal. Cuando uno está deprimido suele abrirse más con sus sentimientos y eso
es precisamente lo que le ha sucedido a Kenichi. Veremos lo que pasa ^_^
¡¡Hasta el capitulo 10!! Para cualquier cosa podéis escribirme a lucychan84@yahoo.es