Toda
la historia y los personajes son propiedad de Lucy chan.
_____________________________________________________________
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: DAIGAKU MEMORIES
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Escrito por Lucy chan
Capítulo 8: Cerezos nocturnos
Unos
días más tarde no se hablaba de otra cosa más de los dos días de fiesta que
tendrían esa semana. Debido a las fiestas locales de primavera ese jueves y
viernes no tendrían clase y, al juntarse con el fin de semana, los estudiantes
tendrían un respiro para estudiar un poquito y, de paso, divertirse.
- ¿Por qué no te vienes este viernes por la noche de fiesta con nosotros? - le
preguntó Meiko a Sayuri en el descanso aquel martes a mediodía.
- Pero yo no conozco a nadie.- contestó bajando las escaleras de la facultad.
- Van a venir Yukari y Hanako, a ellas si que las conoces. Además tampoco vamos
a ser demasiados. Así conoces a la gente. - la rubia la intentó convencer.-
Vamos! Que se te ve un poco estresada últimamente con los parciales. Mira… por
un día que salgas no va a pasar nada. Lo pasaremos bien. Iremos al pabellón de
la tierra a cenar y luego estar un ratito por allí. Venga, vente.
_ Bueeenooo… - se había dejado convencer, pero en el fondo no le parecía nada
mal salir y divertirse un rato. Aunque fuera un poquito tímida al principio y
le diera un poco de vergüenza estar entre extraños, sabía que si no pasaba por
ese trago jamás conocería a nadie nuevo. Además últimamente estaba demasiado
enfrascada en los libros de texto.
- Perfecto! - sonrió Meiko.- Entonces quedamos! El viernes en la plaza Yôsei
¿Sabes donde está la parada de autobús de los pabellones ?
- Estooo…- la chica dudó.- No me conozco Kiwakura todavía..
- Vaya… - Meiko torció el labio y se quedó pensativa.- ¿Dónde vives?
- En Jurei-Minami . respondió.
- Hmmmm… bueno, tampoco está demasiado lejos. Pues voy a por ti. El viernes a
las siete.
Después de indicarle la dirección y, de paso, intercambiarse sus números de
móvil ambas chicas continuaron con su jornada estudiantil.
Aquellos días pasaron bastante rápido. Las fiestas locales darían un respiro
antes de los parciales de primavera. Shinobu andaba como loca preparando cosas
pues tenía una asignatura del curso anterior suspendida y la recuperación era
en breve por lo que se puso firme a estudiar.
- Tengo que emborracharme...- mascullaba entre dientes mientras leía una tesis
sobre Darwin.
- Esta noche voy a salir.- dijo Sayuri mientras se vestía. Ella eligió unos
vaqueros semi acampanados y una camisa estilo hippie ancha de color violeta.-
Me han invitado a no se que cosa de las fiestas de aquí.
- Suerte que tienes… - respondió la rubia sin mirarla.- Aprovéchate que después
vendrán los duros tormentos de los exámenes… Me voy a mi habitación a estudiar.
No te pases bebiendo esta noche.- A continuación se encerró en su cuarto.
Puntualmente, a las siete de la tarde de aquel viernes Meiko llamó a la puerta
del apartamento 5 del 6-8 de Jurei Minami. Sayuri le abrió y la invitó a pasar.
La chica se descalzó de sus mocasines y miró curiosa la vivienda.
- Dime Sayu… ¿vives sola?
- No, que va.- contestó la joven de cabellos largos.- Vivo con una chica de
Niigata que estudia Biología. Encontré este piso casi por pura casualidad
cuando vine a Kiwakura. Ella está estudiando ahora.- señaló la puerta cerrada.
Sayuri sacó de la nevera un par de sandwiches envueltos en papel de aluminio,
una lata de refresco y lo metió todo en una pequeña bandolera negra con el
dibujo del Ying Yang bordado en el centro.
las dos chicas salieron del apartamento y se dirigieron a la plaza Yôsei. Esta
plaza se encuentra en el centro de Kiwakura y es allí donde los autobuses que
se dirigen a los pabellones tienen su salida. Una gran fuente con una preciosa
estatua de una ninfa (de ahí el nombre de la plaza, Yôsei, hada) corona el
conjunto. La plaza está rodeada por varios árboles que la recogen.
En la parada de autobús de los pabellones; una construcción de metal en forma
de varios arcos entrelazados y unidos, cubiertos por un cristal que hacía de
tejado. Una hilera de asientos reposaba bajo. Yukari, Hanako y otra chica se
encontraban sentadas con algunas bolsas de plástico que contenían, al parecer,
varias botellas de bebidas.
- ya estamos aquí.- dijo Meiko acercándose a las tres féminas.
- Ya era hora.- dijo Yukari.- Vámonos, el autobús está a punto de llegar.
- Sayuri…Creo que no os conocéis.- continuó la rubia tomando a la muchacha
desconocida del brazo.
- Me llamo Aiko Mitara, encantada. La joven sería de la misma edad que nuestra
protagonista. Bajita y muy delgada; una larga cabellera ondulada de un tono
granate o rojo bastante oscuro, visiblemente tintado, se extendía hasta más de
la mitad de su espalda. Sus ojos rasgados y marrones eran bastante alegres y
desprendían un brillo especial sobre una pequeña nariz respingona y una sonrisa
contagiosa. Vestía con una camiseta de manga corta superpuesta sobre una de
larga. Los pantalones anchos y caídos no dejaban ver las pocas formas
corporales que tenía, ya que, estaba muy delgada.
El autobús vino enseguida. De color rojo, como todos los de Kiwakura, pero un
enorme letrero donde indicaba: LÍNEA DE LOS PABELLONES. Subieron todas y
pagaron los 130 yenes que costaba. Se sentaron en los asientos del fondo, en
los cuales cabrían todas perfectamente y no tendrían que estar separadas.
No tardaron casi nada en llegar al pabellón de la Tierra, apenas unos 20
minutos. Bajaron a la entrada de un camino de losas de piedra iluminado a ambos
lados por unas preciosas farolas de hierro forjado. A los extremos del camino
grandes árboles sujetaban cordeles de los que colgaban farolillos de papel de
color rojo; alumbrados tenuemente con bombillas en su interior.
El ambiente estaba muy animado. Cientos de personas, la mayoría jóvenes se
encontraban allí. El quinteto se enfiló por el camino de losas hacia el
interior del bosque. A unos cien metros, en una gran explanada, decenas de cerezos comenzaban a
florecer. En el centro una gran pagoda de tonos verdes y azules se levantaba
unos 30 metros de altura. Aquello era precioso, no hubiera dejado indiferente
ni al más insensible.
Llegaron bajo un gran cerezo. Allí un chico esperaba sentado sobre un gran
mantel cubierto de bolsas con comida y bebida.
- Llegáis tarde! - refunfuñó mirando su reloj.
- No es culpa nuestra Otomu.- contestó Aiko desviando la mirada.- El autobús
llegó tarde.
- Claro… - dijo él no muy convencido.- Japón es el país más puntual del mundo
en cuanto a sistema de transportes se refiere…
- Se nota que tu asignatura favorita es estadística…
Después de esa breve interrupción todos se sentaron sobre el mantel. Sayuri
miraba a su alrededor, cada vez aquello estaba más animado!
- Sentimos llegar tarde… - dijo una voz masculina bastante conocida.
La muchacha se giró para ver de quien provenía esa voz tan familiar.
- Kenichi! - exclamó sorpendida.
- ¡Anda! Sayuri! Vaya coincidencia.
- No la iba a dejar sola en casa.- interrumpió Meiko.- Sentaos.
Sayuri se fijó de que el chico iba acompañado de otro joven. Tendría más o
menos su edad. Cabellos morenos que caían por su frente sobre unos preciosos y
grandes ojos verdes que se mostraban tras unas gafas redondas. La verdad es que
ese chico le era familiar pero no recordaba encajarlo en su memoria.
- Ostras! - el chico se quedó mirando a la joven un poco sorprendido, cosa que
la cohibió y no atinó a preguntarle por que. Pero se adelantó.- Tu eres la
chica que se equivocó en la ceremonia de graduación.
En ese momento Sayuri si que reconoció al muchacho. En la ceremonia de apertura
le recogió los papeles que le cayeron de la carpeta y le indicó donde tenía que
ir. ¡Qué vergüenza pasó! No pudo evitar en ese momento sonrojarse un poco.
- Ya te recuerdo jajaja.- él rió fuertemente.- Creo que no nos han presentado.
Me llamo Hiroshi Tomizawa.
- Alias Harry Potter.- interrumpió Kenichi divertido probando un sandwich.
- Es mi eterno apodo… - prosiguió Hiroshi suspirando resignadamente.
Sayuri sonrió dando la razón al tal apodo. La verdad es que se parecía
muchísimo al personaje de las novelas de R.L.Rowling y (claro está) al de la
versión cinematográfica. Cubrió
disimuladamente su sonrisa con la mano.
Kenichi la miró de reojo, sin embargo estaba más pendiente de su alrededor.
Al cabo de un rato todos comenzaron a beber de las botellas de licor que habían
traído en las mochilas. La muchacha castaña se abstuvo. No le gustaba para nada
el alcohol, siempre había tenido malos recuerdos por su culpa. Desde su primer
beso lo había odiado cada vez más. Prefirió ver al resto. Echó una leve mirada
a Kenichi. El joven miraba distraído al árbol sujetando un refresco. El resto
parecía ya estar bastante ebrio.
- Ven Sayuri, vamos a bailar! - gritó Yukari echando un fuerte olor a Martini
por su boca.
La chica rechazó la oferta y se quedó sentada sobre el mantel. Las gemelas
comenzaron a bailar, imitando algunos bailes de moda. Meiko aplaudía mientras
echaba otro trago. Hiroshi, tres cuartos de lo mismo.
Kenichi suspiró y se dirigió a Sayuri, la cual ya no sabía que hacer.
- ¿Vamos a dar un paseo? - preguntó él.
- Co… como? - la muchacha intentó no ponerse nerviosa. ¡Le estaba invitando a
dar un paseo! ¿Por que? ¿Acaso quería hablar con ella? ¿Estar a solas? Su mente
empezó a desvariar.
- No me gusta el alcohol.- dijo él
firmemente cortando los alocados pensamientos de Sayuri.- Cuando las cosas
empiezan a descontrolarse lo mejor es desaparecer un rato hasta que se calmen.
Y me parece que, aparte de sobria, estás bastante aburrida de estar aquí mirando
sin querer participar.
La pareja abandonó el mantel donde estaba el grupo. Se enfiló por el camino de
losas; muchos otros jóvenes estaban allí haciendo lo mismo que sus amigos,
emborracharse. Llegaron a una bifurcación. Kenichi tomó el camino de la derecha
que conducía ladera arriba. La joven le siguió, aún guardando un poco las
distancias. La luz se volvía cada vez más débil a medida que subían y la
espesura del bosque se hacia cada vez más notable. El ruido de la gente y de la
fiesta se iba apaciguando.
Llegaron a la cima de la montaña en pocos minutos, un gran claro con un
precioso mirador daba al pabellón de la tierra a sus pies y, enfrente una
bonita vista del valle y la ciudad de Kiwakura.
- Esto es genial! - exclamó la chica maravillada, apoyada en la barandilla,
contemplando toda la vista.
- Hay cuatro miradores en Kiwakura.- comenzó a explicar él acercándose a la
joven apoyándose en la barandilla también.- Un mirador por cada pabellón, en lo
más alto de la montaña. Desde ellos se puede ver todo el valle y la ciudad.
Cada mirador está pensado según las características de cada pabellón. Si te
fijas desde aquí se ves todos los cerezos y árboles florales de la zona. Desde
el pabellón del agua, en verano, todo el lago y las fuentes… etc. Así que cada
uno es único y excepcional.
Sayuri le escuchaba embobada. Su tono de voz era suave y cálido y, además,
inteligente. A ella le fascinaban los chicos cultos, que supieran anécdotas e
historias y no les diera vergüenza explicarlas con detalle. Kenichi parecía
cumplir todos los puntos. El corazón de la joven empezó a flaquear a medida que
pasaban los segundos. ¿No habéis notado nunca esas pequeñas hormiguitas que
recorren vuestro organismo de abajo arriba a medida que conoces a una persona y
os dais cuenta de que es la idónea? Aquella que buscáis desesperadamente hasta
en vuestros sueños, anhelando que se os aparezca algún día para concluir
vuestra búsqueda.
Esa
era la sensación que Sayuri sentía. Además sus ojos le atraían de forma
sobrehumana, unido a la calidez de su voz y sus facciones… simplemente
perfectas para ella.
- ¿Sayuri? - preguntó el muchacho al ver que ella n o reaccionaba.
- ¡Perdona! - se sobresaltó.- Me quedé atrapada entre esas historias. M
encantan los relatos. Lugares misteriosos y con historia propia, milenarios… en
Tokyo apenas hay, todo es frío, gris y recubierto de asfalto.
- Tokyo… - musitó Kenichi.- Una gran ciudad… puede que demasiado. Tiene sus
ventajas si, pero pienso que la gente no puede ser feliz entre tantos muros de
metal que enfrían el espiritu.
- Expresas muy bien los sentimientos.- agregó la chica con una sonrisa.
- Muchas gracias… pero ¿De que sirve saber expresar lso sentimientos ajenos si
no puedes expresar los tuyos propios?
La sonrisa de Sayuri se esfumó y un tono de preocupación apareció
suplantándola. ¿Acaso había notado algo? ¿Qué quería decir con eso? Ella le
miró y pareció un poco desconcertado también.
-
Perdona.- cortó Kenichi radicalmente.- Tengo una pequeña crisis personal y a
veces digo cosas incoherentes y que no vienen al caso.
- Oh, no pasa nada.- se sintió aliviada.- Se que no nos conocemos mucho… pero…
si te apetece desahogarte…
- Muchas gracias.- una enorme sonrisa de agradecimiento se dibujó en su boca.-
No hace falta, en serio. Pero muchas gracias de nuevo por tu ofrecimiento.
Alzó su mano y la acercó a la mejilla de Sayuri, rozándola suavemente…la
muchacha no podía ocultar los fuertes latidos de su corazón que subían hasta su
garganta y parecía que se iban a notar por ese suave tacto, mezclado con una
leve calentura provocada por el
rubor.
Se escuchó un fuerte sonido detrás de los arbustos acompañado de unas risas.
Salieron de entre los ramajes una pareja. Claramente turbada por el alcohol y
en actitud altamente cariñosa.
- ¡Perdonad! - dijo la chica cortando su risa.- No sabía que había alguien.
- No pasa nada.- respondió Kenichi.- Ya nos íbamos.
La pareja se quedó en el mirador entre juegos de manos mientras que el otro duo
bajó la ladera. No se cruzaron
palabra en el transcurso del descenso.
Llegaron de nuevo a donde se encontraba el grupo. Mucha gente ya había
abandonado el pabellón y habría regresado a sus casas. Todos los del grupo se
encontraban muy ebrios, más que antes. Y ya era imposible hablar con ellos.
Yukari dormía agarrada a una botella de sake mientras que, su gemela, era
esclava de una risa histérica que había contagiado a Meiko e Hiroshi.
- Creo que será mejor que me vaya ya a casa.- musitó Sayuri al ver la
situación.
- Me voy contigo.- respondió Kenichi.- Hiroshi podrá volver cuando se le pase
toda la borrachera junto con las chicas. No es la primera vez, estate
tranquila.
Abandonaron el pabellón de la tierra y tomaron el autobús nocturno hacia
Kiwakura. En fiestas había un servicio durante toda la noche recorriendo los
cuatro pabellones. A excepción de verano, que el servicio nocturno era continuo
durante toda la época estival.
Eran ya las tres de la madrugada cuando Kenichi y Sayuri pisaron la ciudad de
nuevo. Estaba todo bastante tranquilo. La plaza Hôsei se hallaba en silencio. A
veces se interrumpía ese mutismo, muy a lo lejos, por jóvenes que volvían a sus
casas.
- Te acompaño a tu casa.- dijo el joven.- No quiero dejarte sola a estas horas
por la calle.
- No te preocupes.- dijo ella intentando no ser una molestia.- Puedo ir,
tranquilo.
- Insisto.
Caminaron en silencio. Los grillos cantaban bastante fuerte esa noche. La
muchacha estaba un poco cohibida, sin embargo se sentía muy a gusto en compañía
del chico.
- Habrá sido un cambio bastante grande en tu vida venir a vivir a Kiwakura.-
comentó Kenichi rompiendo la quietud sonora.- Dejar allí a tu familia, amigos,
pareja…
- Bueno… tampoco tenía ningún vínculo fuerte que me atara a Tokyo. Estaba harta
de mi familia en cierto modo; de mis amigos… mejor no nombrarlos. Jamás tuve
grandes amistades que perduraran. Y pareja… eso mucho menos. Así que necesitaba
en cierta parte un cambio en mi vida. Estoy contenta de que no me admitieran en
la Universidad de Tokyo.
- Una chica tan agradable como tú…
- Eso suele decirse, pero a la hora de la verdad siempre te dejan de lado…
- No te preocupes. Aquí tienes un amigo.- Kenichi se señaló a si mismo con una
enorme sonrisa.- Eres muy simpática y me has caído muy bien. Para lo que
necesites, aquí me tienes.
Llegaron
hasta Jurei-Minami, en pocos minutos, al edificio 6-8.
- Aquí vivo yo, en el apartamento cinco. Lo más probable es que mi compañera de
piso esté durmiendo ya.- Levantó al cabeza y dirigió su mirada por las
escaleras que conducían al pasillo descubierto del 2º piso donde se encontraba
el apartamento.- Bueno… es tarde ya…
- Si, me voy a ir ya. Mientras llego a mi casa se harán las tantas.
- Bueno.. esto… ya nos vemos en la universidad…
Se miraron por un solo instante, unas breves décimas de segundo en los que
Sayuri ya se quedó totalmente atrapada en todo su ser. Se despidieron cortésmente
y Kenichi partió.
La muchacha subió apresuradamente las escaleras hasta la segunda planta. Abrió
con muchísimo sigilo la puerta de la vivienda y cerró con más cuidado aún. Todo
estaba en silencio. La habitación de Shinobu estaba cerrada, pero supuso que
dormía. Descalzó sus zapatos y los dejó en la entrada; cruzó el salón y llegó
hasta su cuarto. Cambió su ropa por el pijama y, a continuación, se tumbó en la
cama.
- Ha sido una noche fantástica… - pensó cerrando sus ojos.- Kenichi…
CONTINUARA
Notas de la autora: Wow! Este
capitulo ha salido un poquito más largo que lso anteriores, pero hay muchas
cosas en él. Primeramente la "fiesta" y después el acercamiento de
Kenichi y Sayuri. Jejeje. Parecen llevarse bien :-P Pero… recordad que él tiene
novia!! Uhhh!!! Ya veremos como se desarrolla todo!!! Muchas gracias a todos
los que me apoyáis con esta historia. En especial a Ayu chan (te dedico el
capitulo, wapa) Para cualquier duda, sugerencia, comentario… escribidme!! lucychan84@yahoo.es