Toda
la historia y los personajes son propiedad de Lucy chan.
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::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: DAIGAKU
MEMORIES ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Escrito por Lucy chan
Capítulo 14: Toda historia tiene un principio
Aquella
mañana Sayuri se plantó en la puerta del
polideportivo municipal de Kiwakura con sus
pantalones cortos, camiseta ancha y deportivas blancas.
No tenía idea de nada, pero allí estaba, esperando a Hitomi
que apareciera cuanto antes. No tardó mucho, saltaba alegremente con unos
shorts verdes y un polo blanco cargada con una bolsa de deporte inmensa.
Entraron al edificio. ¡El complejo era enorme! Un largo pasillo diferenciaba
las diferentes zonas. Caminaron en línea recta hasta salir a las pistas
exteriores. Se colocaron en la cancha número 3. Tras unas breves lecciones
comenzaron una especie de entrenamiento. Sayuri
parecía que se manejaba bien con las raquetas, al menos la mantenía unos
cuantos toques.
- Y dime… - dijo Hitomi algo sofocada.- No me
has dicho si tienes novio o no…
- Estoy soltera y sin compromiso.- respondió la castaña fallando una de las
pelotas.
- No me lo creo! Una chica tan guapa como tú…
- Digamos que no he encontrado a mi chico ideal.- no quiso poner de manifiesto
ningún detalle comprometedor.
- Seguro que has salido con miles de chicos…
- No te creas, soy muy exigente a la hora de seleccionar a “mis
chicos”… bola!!! Le he dado!!
- No está mal para una principiante.- lanzó con fuerza la pelota.- ¿Tienes
algún chico en vistas ahora?
Esa pregunta hizo que fallara. En el fondo se sentía muy culpable con el tema
de que le atraseye Kenichi.
- No, en absoluto. Te he dicho que soy bastante exigente.
Hitomi sonrió. Durante el resto del partido hablaron
de trivialidades y cosas sin importancia.
Una vez en los vestuarios Hitomi fue a ducharse. Sayuri prefirió hacerlo en su casa. Mientras esperaba
alguien se le acercó.
- Nena!! ¿Tu que haces aquí?
La joven giró su vista y se topó de bruces con Meiko.
Iba ataviada con un mallot de aeróbic y el cabello
recogido.
- He venido con Hitomi a practicar tenis. Ella me
invitó ayer.
- ¿Hitomi? ¿Hitomi Fushin la novia de Kenichi?
– Sayuri asintió un poco asustada.- Yo de ti
tendría mucho cuidado con esa chica…
- ¿Pero por que? – saltó.- Siempre dices lo mismo!
No le he visto maldad alguna! Puede que haga algunas
preguntas pero lo veo más por curiosidad que por otra cosa.
- Seguro… mira Sayuri, yo no soy quien para
decirte que debes o no debes hacer pero te recomiend…
Hitomi salió de los vestuarios con el cabello húmedo.
Enseguida la conversación se cortó y la rubia calló.
- Bueno.- dijo sin más dilación.- Llego tarde a clase de aeróbic… si me
disculpáis… - hizo una mueca y se fue apresurando el paso por el largo
pasillo.
La muchacha de cabellos negros frunció el ceño y la siguió hasta que
desapareció por una de las puertas laterales. Hasta que no la perdió de vista
no murmuró palabra.
- No se que le sucede a Meiko… - comentó en voz
baja Sayuri como un pensamiento audible.
- Déjala… no nos llevamos bien… nunca me perdonó que empezara a
salir con Kenichi. A ella le gustaba pero él me
escogió a mi… pasan los años y sigue sin olvidarlo.
En ese momento la chica empezó a encajar el puzzle un poco, la verdad es que la
situación casaba muy bien. Meiko estaba enamorada de Kenichi en el colegio pero apareció Hitomi
y el chico le entregó su corazón. Comenzar a salir suponía la ruptura total de
esperanzas para la rubia así que se ofuscó con la morena y no le volvió a
dirigir palabra. Por eso Kenichi no sabe el motivo de
la enemistad de ambas féminas.
Sayuri se sintió mejor al aclarar el misterio
formando su propia “película mental” y volvió a su casa hacia la
hora de comer. Durante la tarde se dedicó a no hacer nada. Salió a comprar un
refresco a media tarde y se sumergió en un largo baño durante casi media hora.
Pensó en todo el tema y se sintió fatal por la atracción que sentía hacia Kenichi. Hitomi era la chica
ideal y ella no debía pensar nada más del joven más allá de una simple amistad.
Pero… ¿Qué podía hacer? Cuando salió la piel de sus dedos estaba arrugada
como pasas. Se secó y salió hacia la habitación. Arisu
no estaba en al vivienda y Shinobu estaba tumbada en
el suelo mirando la tv.
- Tu móvil ha empezado a sonar antes.- dijo ella incorporándose un poco.- Iba a
cogerlo al final por tanta insistencia pero ha parado.
Intrigada fue hacia el aparato. Tenía tres llamadas perdidas de Kenichi! ¿A que se debía esa insistencia? ¿Sería
conveniente llamarle ahora? Marcó su número y cuando iba a dar la señal de
llamada escuchó el timbre de la vivienda. Dejó la llamada para más tarde y aún
enrollada en su toalla fue a abrir.
- Seguro que es Arisu… - se dijo para si
misma.- Últimamente está todo el día y noche en casa de Minako…
Abrió la puerta principal y encontró al muchacho que estaba llamando plantado
allí. Ella abrió sus ojos de par en par y no supo ni que decir hasta que él le
señaló con sus penetrantes ojos azules que solo estaba ataviada con la toalla
de baño. Salió casi corriendo hacia la habitación y se puso algo “más
decente” Una camiseta de tirantes roja y unos vaqueros.
- ¿Qué…? ¿Qué haces aquí? – le preguntó un poco sonrojada a la vez
que sorprendida… Por favor, pasa… no te quedes en la calle.
- Tengo que hablar contigo… - miró a Shinobu la
cual estaba con una oreja pendiente.- A solas…
Salieron de la vivienda y se encaminaron escaleras abajo. Sayuri
intentó estar alejada lo máximo posible porque tenía papparazis
rondándola. Recordó la cámara de fotos de Minako y
ahora encima a su propia hermana. Caminaron un poco hasta un pequeño parque
cercano. Se sentaron en los columpios del mismo. La noche estaba despejada y la
luna creciente se asomaba como una C volteada
- Perdona no haberte contestado a tus llamadas. Estaba en el baño y no
escuchaba el sonido del teléfono… pero… perdona!
¿De que querías hablarme?
- Últimamente habéis quedado mucho Hitomi y tu,
verdad?
- Si… el otro día me llamó para quedar y…
- Fuisteis a Sugar ayer a tomar un helado y hoy a
jugar al tenis…
- ¡Cierto! – exclamó sorprendida.- ¿Te lo ha
dicho ella?
- Eso y muchas más cosas…
- No comprendo…
- Hitomi es muy buena persona y la quiero un montón
pero tiene sus neuras como todo le mundo. La suya es ser posesiva a más no
poder…
- Básicamente… ¿Me estás diciendo que queda conmigo solo para sacarme
información sobre mi vida?
- Aunque suene fuerte, así es. Ten cuidado con ella, solo eso. Ya me ha
informado con pelos y señales que está soltera y sin vistas de un nuevo chico…
así que no quiere que me acerque a ti.
- ¿Pero que tipo de persona se cree que soy?
¡Que fuerte!
- Y que lo digas… pero no es la primera vez que me lo hace. Estuvo a
punto de romper mi amistad con Meiko hace tiempo.
La muchacha se quedó pensativa y recordó la historia. Sabía el motivo
perfectamente o al menos eso creia.
- Sayuri… - él se levanto del columpio en el
que estaba sentado y se agachó frente a la joven hasta que sus cabezas
estuvieron a la misma altura.- Yo te aprecio muchísimo… y no quiero que
nuestra amistad se rompa por culpa de una tontería.
Se quedaron mirando fijamente, casi una eternidad, con los ojos clavados los
unos sobre los otros. Se dio cuenta de que él no mentía.
- Ella no debe saber que os hemos visto esta noche.- dijo bajando su cabeza.-
Ambos pagaríamos las consecuencias. No me gusta esconderme de nadie pero…
- ¿Qué consecuencias?
- Hitomi es muy peligrosa cuando se lo propone, es
capaz de todo.
Ese comentario hizo que Sayuri se replanteara la
situación. Quizás debería desconfiar de la muchacha pero... abiertamente ella
no le había demostrado nada, solo se guiaba por las indicaciones de Kenichi.
- Tranquilo, esto queda entre los dos.
Ambos se abrazaron como metáfora del sellamiento de
un pacto.
A la mañana siguiente Sayuri se levantó muy temprano,
recogió toda la casa y se presentó en casa de Meiko
mientras hacía footing. Necesitaba saber cosas, no
por una gran influencia de vena cotilla, si no porque realmente quería
averiguar todo el juego en el que la habían metido. Hitomi,
Kenichi, Meiko… ¿Qué
pasaba realmente?
Llegó jadeando a la calle Amatsu. Llamó
cuidadosamente al timbre número 14 del interfono de la entrada a la calle. La
zona privada al rodeaba una gran verja de hierro forjado y hiedra.
- Meiko no está.- dijo una voz femenina,
supuestamente de su madre.- Fue a un curso de créditos de libre elección.
Apenada marchó de nuevo ciudad arriba. Decidió ir a la biblioteca de la
universidad a sacar prestado un libro que necesitaba para después de
vacaciones. Al haber pocos ejemplares quería ir cuanto antes. Siempre le daba
pereza acercarse hasta allí los días que no tenía clase. Así que tomó la
decisión de que ese era el día límite y ya no tendría que preocuparse por él.
Como estaba cansada después de la carrera prefirió ir en el tranvía hasta las
inmediaciones de la universidad. La biblioteca de periodismo estaba en la parte
norte del edificio. Se componía de 4 salas divididas en 2 alturas. Se entraba
por la puerta norte, que daba al parque central de derecho, filología y
psicología.
Una vez allí buscó vagamente por los estantes, pensó que no le corría demasiada
prisa hacer una lectura detallada durante las vacaciones, aún así prefirió
sacar el libro y durante 15 días tenerlo en casa.
Detrás de un grueso pilar de libros encontró unos ojos grises que le resultaban
familiares…
- ¿Hanako?
- Noo mujer!!! –
exclamó la gemela casi como un saludo.- ¡Soy Yukari!
¿No ves que no tengo el lunar bajo el ojo?
Sayuri se ruborizó y la saludó corrigiendo su error.
Fueron a tomar un café en la recién inaugurada cafetería de la facultad de
derecho (más que nada a reivindicar el tiempo que su cafetería había sido
asediada por esos okupas legislativos)
- Después de vacaciones tengo el examen de recuperación de Lenguajes Audiovisuales…
¡que asco! – dijo la morena resoplando.- Se supone que tengo que estudiar
pero me he pasado las últimas semanas viendo programas del corazón y Gran
Hermano… ¿Y tú que tal las vacaciones?
- Yo bien… no he hecho demasiado, la verdad…
- ¿Es cierto que últimamente vas mucho con Hitomi Fushin? – le cortó rápidamente.
- Si… bueno, hemos quedado unas cuantas veces… pero… ¿comos
sabes tu eso?
- Jee… los chismes se nos pegan rápidamente a Hanako-chan y a mi… no hay
secretos con las gemelas Kanzen! Pero, tu ten cuidado
con Hitomi…
- ¿Por qué todo el mundo me dice lo mismo?
- Porque tiene antecedentes… cuando íbamos a secundaria, Meiko y Kenichi eran muy amigos
pero llegó nueva Hitomi al empezar el bachiller. Él
se enamoró de ella a primera vista, pero Hitomi no le
hacía ningún caso, que creo que tenía un novio o algo así. Por alguna razón que
todavía desconozco de la noche a la mañana estaban saliendo y la relación entre
Meiko y Kenichi se
deterioró de tal punto en que ya ni se hablaban… después Hiroshi fue el hombro en el que Meiko
se apoyó y llevan tonteando casi dos años… jajajajaaa.
Sayuri escuchó atentamente la historia, y aunque al
final Yukari se fue por las ramas, averiguó detalles
que no sabía. A la muchacha le remordía la consciencia ser tan chismosa en
asuntos que no le atañían, pero… ¿qué hacer? A ella, por mucho que le
pesara le gustaba Kenichi, lo tenía asumido, aunque
no se iba a meter por medio de una relación… pero que todo el mundo le
contara cosas negativas de Hitomi hacía que se pensara
seriamente todo lo que pasaba.
A la vuelta decidió tomar el tranvía de nuevo. Los músculos le dolían. Intentó
relajarse en la parada sentándose en un frío banco de color blanco. Había una
serie de palmeras como árbol de adorno… ¿Palmeras aquí? ¿Qué extraña
visión decorativa? El verde de las palmas contrastaba con el blanco de
asientos, farolas y pavimento. Hormigón y artificialidad rodeado
de abrupto paisaje.
- Ey! ¿Qué haces aquí?
Sacándola de sus pensamientos trascendentales que nada tenían que ver con la
realidad, Sayuri se topó de bruces con Meiko que la miraba curiosa.
- Vine a por un libro de la biblioteca.
- Mi madre me ha llamado antes al móvil y me ha dicho que me buscabas…
- Ah… no tranquila, esta mañana he salido a hacer un poco de footing y pasé por casualidad pro la puerta de tu casa.
- Bueno ya que estamos… ¿Quieres que vayamos a tomar algo? Aunque sean
diez minutos.
- Está bien, no tengo nadie esperándome en casa. Hoy Shinobu
trabaja y mi hermana se pasa el día de fiesta con la vecina.
Las dos muchachas marcharon hasta el centro de la ciudad, entraron en una
cafetería próxima a la plaza Yôsei. La decoración era
de estilo europeo, tirando a reminiscencias de un aire chic británico. Muy del
estilo de Meiko, pensó Sayuri.
Para sus adentros opinó que en chándal desentonaba. Hubo unos momentos de
silencio que solo fueron rotos por la órden que las
chicas dieron a la camarera sobre lo que querían tomar. Hubo otro momento de
silencio, pareció eterno hasta que Sayuri intervino:
- ¿Qué pasó entre Hitomi y tú hace unos años? –
preguntó la castaña mirándola tímidamente
- ¿Cómo? – Meiko abrió los ojos perpleja ante
la pregunta.
- Se que te sucedió algo con Hitomi en el colegio,
una historia bastante rara. He oído algunas cosas pero quería saber que sucedió
directamente de ti. Estoy harta de que la gente me vaya dejando pistas,
componiendo un misterio extraño y nadie me dice directamente que pasa con ella.
- Así que quieres saberlo todo… bien, no es algo descabellado. Yo confío
en ti, eres mi amiga al fin y al cabo. Se que soy una persona un poco opaca y
puede que superficial.- tomó un gran sorbo de té.- Puede que sea así, no me
gusta mostrarme demasiado para que la gente no opine… El tema de Hitomi jamás lo he sacado a relucir… pero te lo contaré…
- Escucha… si te he incomodado perdona… no era mi intención… no me lo cuentes
si no quieres.
- No… Desde pequeña he ido al Saint Andrews,
pero no fue hasta la secundaria cuando nos re-agruparon a todas las clases. Me
tocó en la misma clase que Kenichi e Hiroshi. Ellos han sido amigos desde que iban casi a la
guardería. Fue a partir de secundaria cuando comencé a hacerme bastante amiga
de ellos dos, pero mucho más de Kenichi, ya que Hiroshi era bastante más serio que él. Quedábamos a hacer los deberes, nos confiamos
nuestros secretos… en fin, uña y carne sin llegar a ser nada más.
Teníamos mucha confianza. En primero de bachillerato Hitomi
llegó como alumna nueva al Saint Andrews desde Osaka.
La colocaron en nuestra clase. Kenichi se fijó en
ella desde el primer momento. A partir de entonces siempre hablaba de ella, a
todas horas, en todo momento… le había dado muy fuerte con ella. Sin
embargo ella tenía un novio en Osaka con el cual llevaba creo que casi dos
años, pienso que la distancia al mudarse ella empeoró las cosas y al final
terminaron, o al menos eso dijo ella. Al cortar con su novio, Kenichi se propuso acercarse a ella, intentar insinuarse,
pero ella le ignoraba por completo. La intentó seducir varias veces (aunque la
verdad de las formas más tontas, siempre se ponía como un tomate y no decía
nada) y ella seguía ignorándole. Un día, por fin se decidió y le pidió salir.
Recuerdo que ese día era viernes por la tarde, justo antes de salir de clase. Kenichi no obtuvo respuesta de ella, él me dijo que en su
rostro no mostró expresión alguna y desapareció tras la puerta de clase. El
martes siguiente, después de la clase de gimnasia estábamos en los vestuarios
de chicas cambiándonos y, sin poder evitarlo, escuché la conversación que
tenían en ese momento Hitomi y su amiguita Sadako. (su inseparable) hablaban
de Kenichi… Hitomi
dijo textualmente:
“¿Sabes que Kenichi, de nuestra clase me ha
pedido salir? Jejeje es mono pero un poco
alelado… ¡Me lo pidió el viernes y no le pude ni contestar ya que no sabía
como quitármelo de encima!”
y Sadako contestó a eso “¿Entonces que vas a
hacer?”
y su respuesta fue “Creo que le seguiré el juego un poco hasta que me
canse, total no tengo nada que perder. Corté con mi ex hace poco y necesito
pasármelo bien un poco. Pero es un aburrimiento.!”
Esas palabras me calaron demasiado hondo y no me pude contener. La paré a la
salida de gimnasia y le hice que permaneciera en los vestuarios cuando no
hubiera nadie. Le reproché lo que estaba haciendo, Kenichi
no era un juguete con el cual puede divertirte a placer y luego olvidarlo en
una esquina. No iba a consentir eso… su respuesta fue un simple
“eso ya lo veremos” y se volatilizó tras la puerta… Esa misma
noche, después de las clases Kenichi me llamó a casa
comunicándome que Hitomi y él estaban saliendo…
desde ese día empezamos a perder contacto, apenas nos hablábamos, éramos como
dos desconocidos… Por suerte Hiroshi me dio
mucho apoyo moral, él también sabía la historia de Hitomi…
Meiko sonrió pausadamente y miró por primera vez a Sayuri después de estar recordando con la mirada casi fija
en su taza de té vacía. La joven castaña no podía ni articular palabra. ¡Vaya
historia! No tenía ni idea. Después de eso creyó mucho más convincente a Meiko. Al fin y al cabo era su amiga y se había confesado
íntimamente de una de sus vivencias adolescentes. La señorita Fushin parecía mucho más peligrosa de lo que aparentaba.
Decidió no bajar la guardia. Miró a la rubia y la vio muy apenada. Así que
decidió sacar un tema del cual se había trazado vagamente:
- jeje… Bueno… ¿Y que me dices de Hiroshi y tú?
La expresión en el rostro de Meiko cambió por
completo.
- Hiroshi y yo… ¿que?
- Creo que lleváis una relacioncita muy sospechosa.
. Te equivocas. Ël es tan solo un buen amigo. Aunque
estéis todos empeñados en juntarnos, solo hay una amistad y nada más…
. jeje…
- Sayuri… gracias….
- ¿Gracias a que?
- Gracias por haberme escuchado y por estar aquí. Eres una buena chica.
Las dos sonrieron y la rubia, otra vez intervino.
- Sayuri… ¿A ti te gusta Kenichi?
Una pregunta que hundió el dedo en la yaga… ¿Tan evidente era? A lo mejor
fue el hecho de interesarse tanto en el muchacho y en la relación con su
novia… a lo mejor es por las tardes que alguna vez habían quedado…
podían ser mil cosas pero, intentó salir airosa con una gran excusa:
- Como tú has dicho antes, él es tan solo un buen amigo, solo hay una amistad y
nada más.
- Pues estamos listo.- Meiko sonrió ampliamente.-
Solo te aconsejo que tengas cuidado.
El movil de la joven castaña sonó enérgicamente y,
por sorpresa, era su hermana Arisu.
- “Heeey Sayucha.
Dentro de 1 hora sale el tren hacia Tokyo. Mamá ha llamado, ya han vuelto. No
te preocupes por mi, Minako
se viene unos días a casa. Ya nos veremos tú y yo algún finde
o en Navidad. Chauuuuuuussssss ”
- Esta cría… como me quiere y me echa de menos.- se dijo para sus
adentros con sarcasmo.
- ¿Ya se ha ido tu hermana? – preguntó la rubia.
- Dentro de una hora se va, pero lo tiene todo recogido y encima se lleva a mi
vecina a casa a pasar unos días.
- ¿La pelirroja?
- ¿Acaso la conoces?
- Cuando fui a tu casa el otro día vi a una chica
pelirroja con pinta de hippie subirse a la barandilla del piso inferior…
Supuse que sería ella, no me hagas caso.
- jajaja Pues has tenido buen ojo. Arisu ha dado con su alma gemela… tal para cual.
- La verdad es que tu hermana y tú no os parecéis demasiado en cuanto al
carácter. A pesar de ser hermanas.
- Ella es alocada, se pasaría horas enteras en Shibuya
(barrio comercial de Tokyo donde se juntan todas las últimas tendencias de moda
juvenil) rebuscando entre miles de tiendecitas de
calles secundarias o hasta la madrugada en un karaoke
a rebosar de gente… es muy social, muy abierta y no le preocupa nada,
pasárselo bien es su lema…
- Tokyo es una gran ciudad, muy atrayente. Hay todo lo que puedes imaginar. En Kiwakura debes aburrirte una barbaridad si nos ponemos a
comparar.
- Tokyo es una ciudad muy grande y fría. La única calidez que tiene es la de
los rótulos de neón que inundan algunas zonas. La gente es muy distante. Al
haber tanta, una persona sola no vale nada… todos trabajan y se esfuerzan
al máximo cada día para, después de su jornada laboral, pasárselo bien y no
importa como. Nunca me llegó a gustar
esa ciudad… siempre quise salir de esa jaula de rascacielos… donde
no eres nada para nadie, donde la única persona en la que te apoyas eres tú
mismo… Kiwakura es pequeña, es cierto que no
puedes comprar de los 17 millones al apenas los 350.000 habitantes de ambas
ciudades pero, aquí hay algo mágico, algo que te atrae. La gente es mucho mas
abierta y te trata más de un tú a tú, no como algo anónimo y masivo…
- Te noto melancolía en la voz
- Es que la tengo, en el fondo odio Tokyo…
Meiko la miró resignada, tocó levemente su teléfono móvil
que guardaba en el bolso y una idea empezó a aflorar en su mente… tras
unos largos segundos que contrastaban la cara de depresión de Sayuri con su rostro con ojos pensativos, al final decidió
hablar:
- ¡Mira, no hay que desanimarse! – dijo la rubia
con énfasis.- ¿Por qué no te vienes esta noche de fiesta?
- ¿De fiesta?
- Si, mujer… podemos salir a cenar y luego a dar una vuelta!
- Mi presupuesto no es que sea enorme, más bien casi no tengo ni para comer.
- Conozco un izakaya cerca de Suitai
(equivalente a los bares de tapas)
- ¡Pero si los Izayakas son caros! La última vez que
fui a uno me clavaron 6.000 yens a puñaladas en la
factura.
- Eres una tacaña Umezaki-sama. Te aseguro que aquí
cenarás por menos de 2.000 yens
- ¿¿Tacaña yo?! ¡No es cierto! ¿Y que tal si cenamos en el McDonalds
de Kamen?
- ¡Me lo estás confirmando! Jajajja Tranquila, yo te
invitaré a un par de chupitos más tarde.
- Jajaja muchas gracias Meiko,
pero sabes que no bebo!
- jajajja… lo harás. Una noche es una noche! No me vengas con las tonterías de que eres abstemia.
- No me gusta el alcohol, eso es todo. Si te pasas un poco acabas haciendo el
loco.
- No hay nada de malo en ello. A veces hay que desfogarse un poco….
Bueno, bueno… tú estate lista a las 9 en la fuente de Yôsei
(lugar habitual)
- Si luego tengo que mendigar por las calles será culpa tuya… mis padres
se olvidan de mi y no me ingresan ni un yen.
- No te preocupes…. Venga luego nos vemos.
Sayuri marchó hacia su casa, en ese momento Meiko mandó un mensaje de S.O.S
planeando una cena rápida para esa noche en la cual no faltara nadie…
algún plan bullía enérgicamente en su cerebro.
Antes de llegar a Jurei Minami,
la castaña visitó un cajero automático para consultar su saldo. Apenas unos
tristes 10.000 yens llenaban la cuenta. Sus padres
con las vacaciones se habían olvidado otra vez de ella pese a las llamadas
diarias que ella les hacía y, cada vez era más reducido
la inyección de dinero que le ingresaban. De los 70.000 yenes mensuales para
gastos se había reducido a 20.000. Por
suerte no era una persona caprichosa, últimamente solo le llegaba para comprar
los abonos de trasporte y la comida. Así que Sayuri
llegó a la conclusión de que si esto continuaba así pronto tendría que empezar
a buscarse un trabajo a tiempo parcial. No comprendía mucho la actitud de sus
padres en esos momentos ya que sabía perfectamente que no tenían problemas
económicos evidentes.
Después de sacar la mitad de dinero que le quedaba llegó a su casa. Shinobu veía la televisión tumbada en el suelo. Le extrañó
encontrarla allí a esas horas.
- ¿No trabajas hoy? – preguntó.
- No me nombres el trabajo. Nos ha llegado medio pedido equivocado, lo tienen
que devolver y esperar la caja correcta que creo que está en Sendai. Y como las que nos comemos el problema somos
nosotras, esta noche hay que esperar el pedido, clasificarlo y colocarlo en su
sitio. Así que me espera una nochecita buena… Que envidia me das, tú que
no tienes que “currar.”
- Ja, no te creas que como la cosa siga así pronto me
uniré al grupo de trabajadores. No tengo ni para comprarme champú. Estoy en la
ruina.
- Hale, pues a espabilarte.- la rubia le tocó el hombro y esbozó una sonrisa.-
Hay que ganarse el pan para poder vivir. No hay que conformarse con que los
“papis” nos lo den todo hecho.
- Y que lo digas. De todas formas esta noche tengo una cena de la cual no puedo
escaparme.
- Tú y tus compromisos sociales, juas. Te quejas de
que no tienen ni un yen y sigues saliendo… mírame a mi… recluida
como una presa, bua. Pero en nada me tomaré unas
vacaciones. Iré a Beppu a tomar baños de arenas
volcánicas como los abuelos o a Hawaii a disfrutar de
playa… siempre que me toque la lotería o algo así, puagh!
Cochino dinero.
- Dime Shinobu, si no es mucha indiscreción…
¿Tus padres no te ayudan en nada?
- ¿Mis padres? – la euforia de la rubia de
cabellos cortos pareció parar en seco.- No me hablo con ellos desde hace años.
No quieren saber nada de mí y yo de ellos mucho menos. Al menos a ti te pagan
el piso y la universidad fijamente, no te tienes que preocupar por ello…
sin embargo yo me lo tengo que costear todo… ha habido meses que me las
he visto negras para pagar el alquiler jaja, pero
bueno, aquí cada cual con su vida.
Shinobu siguió mirando la televisión y pareció como
si la conversación jamás hubiera existido. Siguió pasivamente mirando la
pantalla del aparato.
Sayuri entró a su habitación y la encontró totalmente
desordenada. El futón de su hermana por el suelo, las sábanas encima de la
cama, la silla en el suelo… incluso ropa de la propia Sayuri
fuera del armario la cual Arisu se habría estado
vistiendo los últimos días.
- Ya decía yo que me faltaba ropa… - masculló con sarcasmo.
Rápidamente recogió todo. Quería a su hermana pero a veces deseaba tenerla
lejos un tiempo, se agobiaba en ese aspecto, y más ahora acostumbrada a la
libertad de salir y entrar cuando le diera la gana… eran malos vicios
según ella.
Shinobu se fue a trabajar y Sayuri
se metió en el baño como un ritual diario. Estuvo más de media hora dentro,
como bien la regañaba su compañera de piso a veces “dejando a remojo la
sardina” ya que siempre estaba “remojandose”
una barbaridad. Se lo tomó con calma. A continuación se vistió con unos
pantalones acampanados de color negro y un top blanco
que se ataba al cuello y dejaba al aire los hombros y parte de la espalda.
Decidió maquillarse. Sayuri era bastante guapa cuando
se maquillaba aunque nunca lo hacía por pereza. Meiko
siempre la regañaba por eso.
Llegó a la plaza Yôsei a las 9 menos diez, no había
nadie conocido, mucha gente paseaba por allí, aparte de ser viernes noche hacía
una temperatura agradable. Sayuri cerró los ojos y sintió el agua de la fuente
salpicar en su espalda, era relajante. A los pocos segundos notó unas manos
abalanzarse sobre su cara y taparle los ojos.
- ¿Quién soy? – dijo una voz masculina.
- Oh Kenichi – dijo
automáticamente al escuchar y sentir al chico, para ella era inconfundible.
Los dos se miraron durante unos segundos con el tintineo del agua tras ellos.
- ¿Sabes que vas muy guapa esta noche? – le dijo tocándole el cabello con
dulzura.
- Gracias, tu tambien lo estás.- respondió al halago.
Le miró de arriba abajo. Llevaba una camisa negra de manga corta con unas finas
rayas verticales negra, unos vaqueros oscuros desgastados y unos mocasines
negros. Su cabello castaño caía por su frente resaltando, comos siempre, sus
profundos ojos azules como el cielo raso de un día de verano.
- Hitomi se ha ido unos días a Osaka.- dijo él
partiendo el momento íntimo.- Dice que se muere de calor aquí y que quería
comprarse ropa.
- ¿Qué tal os va? – en ese momento Sayuri se
dio cuenta de que se podía malinterpretar la pregunta, se mordío
la lengua esperando que él no fuera retorcido de pensamiento.
- ¿Qué como nos va? Pues como siempre… estoy un poco agobiado últimamente
y no se que hacer.
- ¿No sabes hacer de que?
- Hola!!! – interrumpieron Yukari
y Hanako. Ambas iban vestidas con pantalón negro y
camisas chinas, roja y azul, respectivamente.
- ¿Os habéis puesto de acuerdo para vestiros? – dijo Hiroshi
que acababa de aparecer junto con Meiko.
- Claro que si.- respondió Yukari firmemente.
Sobretodo a la hora de ligar es una risa!
- Habeis tardado más de media hora.- comentó Kenichi mirando su rejoj de
pulsera.
- ¿Retrasarnos? – quedó perpleja Hanako.-Si
habíamos quedado aquí a las nueve y medi…
- Vamos a cenar! – interrumpido
Meiko cortando a la chica.- Normalmente el Izayaka se llena a más no poder los viernes.
No muy lejos se encontraba el restaurante, en una pequeña calle secundaria en Suitai. Era un local pequeño pero lleno de mesas que
ocupaban todo el espacio. Una gran barra presidía el local. Estaba decorado
como los restaurantes tradicionales. Los 6 se sentaron en una de las mesas que
quedaban libres, la gente aún no se había empezado a apiñar en la entrada,
tuvieron suerte. Estaban estrechos ya que la mesa parecía más para 4 ocupantes,
pero lo tomaron a risa.
Meiko pidió una botella entera de sake
para todos, un día era un día y los yakitori sabían
mejor con el vino de arroz.
Se estuvo hablando de temas relacionados con la universidad en un primer
momento. La joven rubia cada vez que veía el vaso vacío de Sayuri
se apresuraba a llenarlo. Hiroshi la miraba serio
pero no mediaba palabra, la verdad es que estaba en un momento de fijación
perpetua en los suaves cabellos de Meiko que ondeaban
a cada movimiento, la tenía al lado, pegada a su cuerpo, eso hizo que se
pusiera un poco nervioso.
- ¿Y tu que miras? – le sorprendió ella.
- La vas a emborrachar… - le susurró casi a su oído.
- No pasa nada.- musitó acercándose más a él.- Se que necesita un poco de
alegría esta noche…
Se miraron en un momento de complicidad, ella con la botella de sake en la mano que empezaba a escasear…le temblaba
la mano y sentía la respiración del chico candente frente a ella. El alboroto
del local parecía haber desaparecido en un momento. Los ruidos cesaron…
Pero la magia terminó cuando ella notó que le quitaban la botella de las manos.
Al mirar el panorama vio a una Sayuri que comenzaba a
subírsele el alcohol a la cabeza, con un vaso con un líquido desconocido en la
mano y, para su sorpresa a Kenichi empezándose a
descontrolar quitándole el vaso a Sayuri para bebérselo
él. Rápidamente las miradas de Hiroshi y Meiko se dirigieron a las gemelas, las cuales cuchicheaban
tras sus manos.
- ¿Qué se supone que estáis haciendo? – dijeron casi a la vez al verlas
mascullar y reir.
- Es divertido.- contestó Hanako.
- Como estos dos jamás prueban una gota de alcohol creimos
que sería divertido llenarles los vasos de esto.- Yukari
sacó de su bolso unas cuantas botellitas de bebidas diversas como Whisky, vodka… de tamaño muestra ya vacías.
- Las robamos del banquete de la boda de unos amigos de mis padres. Las
guardábamos para el festival de verano, pero hemos traído unas
cuantas esta noche.
- No se si nos habremos pasado un poco… - musitó la rubia tocándose la
frente.
Tras la cena Kenichi y Sayuri
revoloteaban en eses sin parar de reir y cantar. Ella
estaba completamente descontrolada. Las gemelas rieron y Meiko
comenzó a preocuparse… Entraron en Black Cat y la pareja ebria directamente fue de cabeza a la barra
donde servían las bebidas.
Tras
un par de copas más, Sayuri ya no veía donde tenía
los pies. Una persona que no bebe se le sube con más facilidad el alcohol a la
cabeza. El ensordecedor ruido de la música de fondo la embotó. La boca se le
trababa y los pies le temblaban.
- Esto es un asco! – le dijo a Kenichi con los ojos ya entrecerrados y casi de cuclillas.-
Estoy mareada.- dejó el vaso vacío encima de la barra con un golpe seco.
- Pero si la noche es joven! Ven conmigo! – él la agarró de las axilas, rodeándola con los
brazos y haciendo equilibrios para que la copa no se le cayese de las manos. No
se supo como podían mantener ambos el equilibrio.- Mejor que salgamos un rato,
me agobio de la música.- Su vaso cayó al suelo directamente.
Salieron fuera del local a respirar un poco de aire. La muchacha estaba muy
ebria. Aunque el momento grande de euforia alcohólica había pasado no veía ni
por donde iba. Solo notaba al muchacho rodeándola con sus brazos. Llegaron a la
calle, tras la marea de gente se situaron casi en medio de la misma, suerte que
era peatonal. Ella se dejaba caer y parecía que él no ponía mucho de su parte.
- Eres
muy guapo Kenichi.- balbuceó tocándole los cabellos.
- Tu también
lo eres Sayuri, no sabes cuanto…
La chica siguió tocándole sus cabellos y cerró los ojos para sentir su roce más
cercano a ella, el alcohol le producía un hiper-tacto
que hacía multiplicar por mil cualquier sensación. Tras eso percibió el aliento
del joven cerca de ella, casi como un susurro de incondensable
frenesí y no tuvo más remedio que entreabrir su boca al ritmo palpitante de su
corazón.
Kenichi rozó los labios de la joven con la punta de
sus yemas, como un músico que acaricia su arpa. Armonía que dio paso a sus
propios labios sellando la lacra roja de la noche. Un beso que se prolongó a más
profundidad a medida que pasaban los segundos. Allí en medio de la calle, en
medio de la nada, como dos almas anónimas que se habían fundido en una tras la
marea de gente que salía de fiesta por las calles del barrio de Suitai.
Meiko comenzó a preocuparse y salió a la calle en
busca de su amiga. Tenía un remordimiento interno por haberla emborrachado
aquella noche. Cuando sus ojos se posaron sobre aquella escena su garganta se
secó y sus manos taparon su boca con un gran espanto…
- ¡¿Qué acabo de hacer?!
CONTINUARA
Notas de la autora: Uffff
He tardado muchísimo en escribir este capitulo -_-U Os pido perdón a todos!