Toda la historia y los personajes son propiedad de Lucy chan.
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::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: DAIGAKU MEMORIES ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Escrito por Lucy chan

Capítulo 12: Feliz cumpleaños

 

Cuando llegó a la plaza Yôsei, Kenichi todavía no había aparecido. Sayuri se sentó tranquilamente en el borde de la fuente y suspiró. Las finas gotas de agua que salían de la fuente salpicaban en su espalda y parte de sus brazos sintiendo bastante frescor al calor que se estaba apoderando de aquel día. Cerró los ojos intentando evadirse de todo lo que ocurría a su alrededor. Fueron unos instantes. Cuando al fin los abrió vio la cara de Kenichi a escasos centímetros de la suya.

- Ahhhhh!!!! - la chica gritó acompañándolo de un brinco por el susto.

- ¡¡¡Buu!!! - se burló él.

- Eso no se hace.- le reprochó la muchacha al mismo tiempo que tocó su pecho reteniendo su corazón que latía fuertemente debido a la impresión.

Él sonrió satisfecho. Tocó su cabello, un poco alborotado y lo echó hacia atrás.

- ¿Damos un paseo? – sugirió el joven mirando su reloj de pulsera. Ella asintió aún un poco molesta.

 

Caminaron en silencio por las tranquilas calles de la ciudad. Además de ser una hora poco conflictiva para el tráfico, el calor hizo que mucha gente se quedara en sus casas. El silencio se truncó con el sonido del móvil de Kenichi.

- ¿Si? ¿Hitomi? ¡Hola cariño!

Sayuri frunció su ceño inconscientemente. No podía alegrarse de que la novia del chico que le gustara le llamara. Aunque estaba en su derecho! Al fin y al cabo eran pareja y ella no era quien para molestarse.

 

Durante más de diez minutos estuvieron hablando.

- Si cielo… no, ahora no puedo ir a por ti. ¡No te pongas así! Si, estoy con Sayuri…¡ hey hey! Luego te lo explico! ¿Vale cariño?


La chica le miró de reojo, no podía ver la expresión de su cara ya que el teléfono, el brazo y la mano le cubrían todo el rostro y era imposible adivinarla.

 

él colgó apretando con energía el botón de finalizar la llamada y suspiró. Miró a Sayuri con gesto extraño, casi entre pena, resignación y un toque de algo que jamás pudo presentir. Ella apartó su mirada y la dirigió hacia el suelo. Sentía rabia por sentir lo que sentía hacia el muchacho. Era algo irrefrenable, los sentimientos y aún más el amor es algo que no se puede frenar, por mucho que se quiera.  No quería enamorarse del joven, no quería meterse por medio de ninguna pareja y mucho menos sufrir otro desengaño como el de hacía unos años con Tatsuke.

 

Tatsuke… fue la primera vez en muchísimo tiempo que le vino a la cabeza. Creía haberlo encerrado por completo en algún rincón de su mente, su cárcel particular, como solía llamarla. Los recuerdos no se olvidan, simplemente se guardan o encierran esperando algún momento para sacarlos en libertad condicional o, simplemente, cumpliendo su condena hasta el fin de los días. Pero el prófugo allí estaba, presente, recordó lo que ella sintió en aquella época: verle sentado en las pausas, charlando con sus amigos; sentado en su pupitre de clase mientras ella le miraba desde la ventana de la puerta de la clase furtivamente… jamás hubo ningún contacto, solo ese beso turbio producido por el alcohol… no pudo evitar que sus ojos se humedecieran. Sin embargo supo reaccionar y los abrió de par en par haciendo que las lagrimas no cayeran y (de paso) dándole otra expresión a su rostro que no fuera la de tristeza.

 

Esbozó una sonrisa y miró a Kenichi. Pensó que al menos con él mantenía una estrecha amistad y con eso se daba por satisfecha.

 

Cuando fue a darse cuenta habían recorrido un tramo considerable y Sayuri se encontró un poco perdida.

 

- ¿Hacia donde vamos?

El muchacho solamente sonrió. Miró su reloj y continuó.

Al ver la obsesión de su acompañante por la hora, Sayuri también miró su reloj. Ya eran casi las cuatro y cuarto! Como pasa el tiempo, y más si se está en una compañía agradable.

Llegaron a una zona de casas bajas, tres o cuatro alturas como mucho, entre occidental y japonés, una combinación extraña. Repleta en todas sus plantas bajas de cafeterías, bares y pubs.

- ¿Dónde estamos? – pregunto ella intrigada.

- En Suitai.

Recordó vagamente en una conversación anterior que aquella era la “zona de marcha” por excelencia de Kiwakura.


Entraron a una cafetería bastante pequeña, de dos plantas llamada Coffee & Soul . La parte inferior estaba repleta de mesas en las cuales apenas había gente. Una escalera estrecha de metal y madera situada al final del local subía al piso superior. Este era la mitad de grande que la parte baja, una barandilla de metal cortaba la estancia y se podía ver todo el local.

Ascendieron por la angosta escala hasta la planta alta. En un rincón, en una de las mesas un grupo de gente se apelotonaba y miraba a la pareja que acababa de subir.

 

Sayuri abrió los ojos de par en par al ver en aquella mesa a Meiko, Yukari, Hanako e Hiroshi. ¿Acaso lo tenían todo planeado? ¿No iba a ser una tarde a solas Kenichi y ella? La joven dudó por un momento y se le pasó fugazmente por la cabeza que el chico no estaba a gusto con ella y quedó con más gente en algún momento de la tarde, puede que cuando estaba aborta en sus recuerdos.

 

- ¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!!!! – gritaron todos al unísono de tal manera que alarmaron al camarero y a algunas personas del local.

Cualquier pensamiento que la chica tenía en mente se borró de un soplo. No supo que decir, estaba muy sorprendida de aquello.

- Pero… ¿Cómo sabíais que era mi cumpleaños? – se atrevió a preguntar.

- Muy sencillo- le contestó Meiko.- Aquí tenemos al gran radar de cotilleos e información de la ciudad.- señaló a las gemelas que saludaban con pillería ante el comentario.

- No fue difícil.- dijo Yukari atusándose su cabello negro azabache.- Solo tuvimos que mirar en las fichas de la universidad.

- Pero eso está prohibido, no? – musitó la cumpleañera.

- ¿Y eso que más da? – Hanako guiñó uno de sus ojos grises.- El caso es que teníamos esto planeado desde hacía varias semanas.

Sayuri no pudo evitar emocionarse y por poco rompe a llorar. Nadie se había preocupado de esa manera por ella, jamás ninguno de sus amigos le había organizado nada, es mas, rara vez se acordaban de felicitarla. Esto era nuevo para ella, miró a la mesa entera y sonrió plenamente.

- Muchísimas gracias.- una congoja de emoción asomó en su voz. Tocó sus ojos y se sentó en una de las sillas de madera.

- Estuve haciendo tiempo hasta que fuera la hora.- le comentó Kenichi confidencialmente.- No creas que fue tan fácil. Me limité a dar vueltas y más vueltas.

- Perdona por ser osada.- siguió la chica en ese tono confidencial.- Pero…¿ Hitomi lo sabe?

- Claro… ¿Por qué crees que se puso así de furiosa? De todas formas estoy en mi derecho de libertad. Puedo hacer lo que quiera con mis amistades.

Notó que Hiroshi los observaba. Silencioso y enigmático tras sus gafas redondas.

- ¡Toma Sayuri! - dijo cortando su silencio entregándole un pequeño paquete de envoltorio color verde, interrumpiendo así la conversación con Kenichi. Los dos chicos se miraron.- Este regalo es de parte mía y de Meiko.

Toda conversación con el joven castaño quedó olvidada cuando vio el regalo. Se emocionó muchísimo. Aunque los conocía desde relativamente muy poco tiempo, apenas cuatro meses, le habían dado su confianza y se habían abierto a ella.

Desenvolvió el paquete muy despacio, le daba hasta lástima rasgar el papel que lo cubría. Descubrió un juego de pendientes con forma de estrella y pulsera a juego, en plata.


Abrazó a los dos dándoles las gracias y enseguida apareció otro paquete, un poco más grande de parte de las gemelas. Al abrirlo observó que se trataba de un gorro y una bolsa de playa de color azul y blanco.

- No es que haya mucha costa en Kiwakura pero… - añadió Yukari sacando la lengua pícaramente.

Al momento otro paquete apareció delante de sus ojos. Era de tamaño mediano y estaba envuelto con un papel de dibujos animados de muchísimos colores. Kenichi lo sostenía en su mano.

Lo abrió con el máximo cuidado, más que ningún otro. Un peluche de un gato apareció. Era negro y blanco y un cascabel prendía de su cuello.

 

Dudó en abrazar al muchacho, pero al final optó por hacerlo en muestra de agradecimiento.

- Esta noche nos vamos de fiesta.- la rubia alzó su mano.

- Pero si mañana tenemos clase a las diez.

- Eso no importa ja, ja. Esta noche casi todo es a mitad de precio por ser domingo y es de los días que la gente más sale. Solo tenemos que regresar pronto y no habrá problema mañana.

Todos empezaron a charlar animadamente, hablando con Sayuri con la que más. Ella se sentía complacida y en extremo extasiada. Incluso se sentía mal por las molestias ocasionadas de comprar los regalos etc. Se enrojeció en muchas ocasiones pero mantuvo un aire jovial.

Casi ocho llamadas recibió Kenichi en el transcurso de la tarde. La mayoría de Hitomi, lo pudo adivinar por sus gestos. Hiroshi miraba a ambos, aunque en la joven posaba más su mirada.

- Meiko… ¿Puedes venir un momento conmigo? – preguntó el chico de gafas agarrando a su amiga de la mano, sin preguntar, sabiendo que no quería un no por respuesta.

Levantó a la rubia de su asiento y la llevó hacia los servicios. Una puerta de madera daba acceso a un pasillo donde al fondo se encontraban dos sendas puertas también de madera para cada sexo.

- ¿Qué quieres? – preguntó ella apoyando su cuerpo en una de las paredes del pasillo.

- Bueno… creo que ya has visto la situación. ¿Qué piensas? – él bajó el tono de su voz a casi un susurro.

- Pienso que no debes obsesionarte. No se exactamente como están las cosas con claridad pero no me llevará tiempo empaparme de toda la información. Luego… ya veremos lo que haré.

Hiroshi se quedó mirando a la rubia durante unos breves segundos. Sus ojos verde esmeralda penetraban en los de ella. Pero Meiko apartó su vista y la dirigió al suelo. Suspiró y apretó los labios.

- Vámos… no quiero que nos echen de menos.- musitó en un último instante.- A saber que se estarán imaginado que estamos haciendo tú y yo aquí dentro.

Él cerró los ojos y resopló. Salió después que ella y volvieron a la mesa.

- ¿Qué estabais haciendo? – la cara de malicia de Kenichi y las gemelas era tal que por poco hace enrojecer, aunque no hubiera ningún motivo, a la pareja.

Sayuri rió y Kenichi la miró de reojo. A su vez Hiroshi le echó un vistazo a su amigo y después a Meiko. Ella asintió con la cabeza y miró a la pareja. Las gemelas miraban la escena y cuchicheaban intrigadas.

- ¡Bueno! – dijo la rubia cortando tal silencioso pero expresivo momento.- Entre unas cosas y otras se han hecho casi las siete y media! Si queremos salir esta noche no nos va a dar tiempo de nada.

Se levantaron y pagaron la cuenta de las bebidas en el mostrador de la parte inferior.

- Vente a cenar a mi casa.- le propuso Meiko a Sayuri.- De allí podemos volver a Suitai en poco tiempo.

- De acuerdo. Pero primero me gustaría pasar por casa a dejar los regalos.

Todos se despidieron y quedaron en verse a las once en la puerta del mismo local. De Suitai hasta Jurei-Minami habían cerca de veinte minutos andando.

Llegaron a casa casa de Sayuri y Shinobu se encontraba estirada en el suelo. Era su día libre. La cantidad de apuntes que rebosaban encima de la baja mesa del comedor denotaban que había pasado gran parte de la jornada estudiando. Miró a su compañera con curiosidad cuando entró con los paquetes. Cuando se dio cuenta de la presencia de Meiko  se incorporó.

- Me llevo a tu compi de fiesta. Volverá pronto.

- ¿Algo que celebrar? - La chica de cabellos cortos torció una leve sonrisa.

- ¡Su cumpleaños! – el comentario incluso pareció ofender a Meiko.

- ¿Si? – se sorprendió.- ¡¡No lo sabía!!

Cuando Sayuri apareció por el umbral de su habitación miró a sus dos amigas.

- ¡Eres lo peor! – exclamó con burla Shinobu.- ¡¡Mira que no avisar que es tu cumpleaños!!

- ¿No te cambias de ropa?

La chica castaña se miró de abajo arriba. Vaqueros, la camiseta de manga corta que se compró en la tienda donde trabaja su compañera de piso y zapatillas de deporte formaban todo el conjunto.

- No, así voy bien.- respondió convencida.

- Al menos en mi casa te maquillaré un poco… Tengo que estar en todo.- arqueó una ceja.

Shinobu no sabía si echar a reír en ese mismo momento. Era un poco cómica la situación. Pensaba ya con rotundidad lo “fashion” que era la “amiguita de su compi.” A primera vista: rubia, cabello bien cuidado y corte perfecto, nada que ver con su pelo corto y un poco enmarañado; uñas limpias y relucientes, maquillaje impecable y ropa cuidada, bien combinada y en apariencia cara. Shinobu era de una manera de ser bastante opuesta a Meiko. No le agradaba la idea de usar maquillaje. Defendía sobretodo la naturalidad; no había porque pintarse como una puerta para gustar al resto del mundo. Lo que se lleva dentro de cada uno es lo que debería de mostrarse al exterior y no cubrirlo con una capa de maquillaje. Sobretodo porque te puedes llevar más de una sorpresa cuando alguien se quita toda aquella pintura. Un toque de color en los ojos podía estar genial, pero de ahí a cubrirse el rostro con mil y una cosas… eso si que no. Bostezó antes de echarse de nuevo en el tatami.

Se despidieron cordialmente y salieron de la vivienda en dirección a casa de Meiko.

Durante el trayecto hablaron de la universidad; del mal carácter del profesor Kumamoto, que impartía Historia de la comunicación. Su tono de voz, monótono y pasivo lo sufrían todos sus alumnos. Mas de uno se habían quedado profundamente transpuestos en muchas de sus clases. Normalmente debían de recurrir a fuentes de información alternativa más allá de las horas de clase. También se quejaron de las bras, lo que más molestaba a los estudiantes. Las reformas de derecho no cesarían hasta dentro de unos meses, no se sabía cuantos con exactitud. Lo único que tenían claro es que su facultad seguiría invadida.

- Podríamos denunciarles.- Meiko se sacudió el cabello furiosa.

- No seas tonta, ¿no ves que son abogados? - Las dos rieron ante la tonta conversación.

Al entrar al barrio de la rubia Sayuri no pudo evitar resultarlo familiar. Recordó que allí había ido buscando piso y una chica estúpida le había pedido una suma desorbitarte por el alquiler, además de muchas otras obligaciones que le parecían del todo excesivas y fuera de lugar. Era un barrio moderno, de edificios altos que contrastaban con casas adosadas y unifamiliares, todas ellas con muchísimos jardines bien cuidados y muy hermosos.

Cruzaron la calle principal del barrio de xxx y llegaron a una zona privada. Una pequeña reja de hierro forjado daba acceso a una calle estrella, llena de plantas, flores y árboles muy bien cuidados. Una barriada de casas adosadas de tres plantas se levantaban a los extremos de la calle que zigzagueaba aprovechando árboles y entradas. Las fachadas, color salmón anaranjado contrastaba con los tejados negros, puestas y ventanas blancas y la verdosidad del vergel. Las farolas eran negras, al igual que la verja de entrada, una gran bola de cristal opaco adornada con unos remates en espiral, también de hierro forjado, coronaban y sujetaban la esfera cristalina.

El número 14 de aquella calle correspondía a la casa de Meiko. La entrada estaba bordeada de una marquesina de altura considerable en la cual se apoyaban varias macetas con pequeñas plantas frondosas pero muy armoniosas a la vista. Un farol blanco colgaba del techo del pequeño porchado que se hallaba a la entrada de las viviendas, encima de la puerta.

La rubia extrajo de su bolsillo un llavero de una jirafa de peluche que guardaba tres llaves. Una de ellas la usó para abrir la verja de entrada a la calle, una segunda la utilizó con la cerradura de su casa.

Por dentro la casa resultó terriblemente acogedora, al menos el hall. Un pequeño escalón, como buenos japoneses a pesar de que la casa era bastante occidental, se utilizaba para descalzarse. Los zapatos podían colocarse en un mueble destinado a ello. Un fino parquet de madera color almendra cubría todo el suelo, con alfombras ligeras de tonos rojizos junto con las paredes color mostaza. El mobiliario era sencillo, sin demasiadas pretensiones. Sin embargo se podía notar claramente que la familia Onaji tenía bastante dinero.

Entró a la cocina directamente. Sayuri la siguió sin decir palabra. Era muy amplia. El suelo de gres estaba impoluto. Los muebles eran de madera muy clara, con tiradores metálicos en puertas y cajones. Una mesa de madera, también clara y de forma rectangular descansaba en una de las esquinas de la estancia. Cubierta con un mantel de cuadros, uan bandeja de plástico con dibujos de fresas contenía una tetera humeante. Una mujer bebía distraídamente de una taza de loza blanca mientras ojeaba una revista de decoración.

- Mamá, esta es Sayuri. Es una amiga de la universidad. Va a quedarse a cenar y después saldremos un rato.

La señora alta y esbelta que tomaba te en la mesa de la cocina, levantó la cabeza. Era rubia, con el cabello lacio recogido en una coleta. Tras unas gafas de montura clara se ocultaban sus ojos castaños, muy parecidos a los de su hija. Algunas  arrugas, no muy marcadas, se acentuaban en sus ojos y cerca de la comisura de sus labios cuando sonreía.

- Muy bien hija. Tu padre llegará en breve. Pero si quieres os preparo la algo antes y cenáis vosotras dos.- Meiko asintió y la mujer sonrió.- Mi nombre es Ryoko Onaji, encantada. ¿Estudias con mi niña?

- Si, estamos en la misma clase. Fue una de las primeras personas que conocí cuando llegué a Kiwakura y siempre ha sido muy atenta conmigo y me ayudó a integrarme un poco aquí.- No tacañeó en halagos para su amiga, no lo hacía por caer bien a su madre, era la pura verdad, desde que la conoció siempre ha torcido el brazo por ella, incluso la metió en el grupo de amigos como si la conociera de toda la vida. Estaba muy agradecida con la joven.

- ¿Y de donde eres?

- Soy de Tokyo. Me admitieron en la universidad de Kiwakura en vez de la de mi ciudad y… aquí estoy! – a ella le gustaba dar algunos datos para evitar las preguntas innecesarias que siempre cansan una conversación y acaban pareciendo un interrogatorio.

Notó que alguien la tomaba del brazo y vio a Meiko intentado llevarla fuera de la cocina. La señora Onaji se despidió de las chicas amablemente y comenzó a preparar la cena.

Subieron por la escalera hasta la primera planta. Anduvieron por el pasillo hasta la habitación de la joven. Algunos peluches miraban a las visitantes desde muchos puntos de la sala. Era bastante grande. Una gran alfombra cubría la parte central del cuarto. Una estantería entera contenía libros, mayormente de consulta y algunas novelas. A su derecha un escritorio muy ancho con un ordenador frente  a un corcho con fotografías. Otra estantería con pocos libros, peluches e infinidad de cds muy ordenados cercaban el escritorio. En la otra pared; un gran armario empotrado con puertas de madera y una ventana con cortinilla biselada. Bajo de la ventana había una pequeña mesa auxiliar que contenía una televisión y una videoconsola. Por último la cama con cinco o seis almohadones de colores pastel sobre una colcha azul y dos peluches de osos eran todo.

- Le has caído bien a mi madre.- musitó la rubia sentándose en la cama.- Se lo he notado por como te miraba.

Sayuri sonrió y comentó que el afecto era mutuo. Pensó que se llevaría de maravilla con su madre. Parecían similares. Eso si, esperaba que la señora Onaji no se olvidara de su hija cada dos por tres, recordó su fondo corriente y suspiró resignada. Si las cosas no mejoraban buscaría un trabajo a tiempo parcial.

- Tendremos que cenar deprisa.- comentó Meiko mirando su reloj.- Son las nueve, entre que cenamos, nos vestimos y acudimos allí… vamos bastante justas de tiempo.- Se acercó al armario y lo abrió, de él extrajo un top negro y unos pantalones del mismo color. Su madre enseguida las llamó y bajaron hasta la cocina donde cenaron pollo empanado con un poco de arroz. Comieron con tranquilidad. Al acabar subieron otra vez para acabar de arreglarse. Sayuri se tumbó en la cama y se relajó mientras su amiga se cambiaba de ropa. Cerró los ojos y pensó en todo un poco. Quería sacar la imagen de Kenichi de su cabeza, considerarlo un amigo más. Se esforzaba por no pensar en él y mucho menos que su imaginación volara con alguna fantasía mental de un abrazo, un beso, etc.

- ¡¡Te vas a dormir!! – Meiko interrumpió sus pensamientos mirándola desde el otro extremo de la habitación. Sobre el escritorio había un pequeño espejo, la joven lo estaba usando para maquillarse. Se atusó un poco el cabello.- Anda, ven aquí. Ahora te toca a ti.

La joven castaña se levantó de la cama y se sentó en la silla del escritorio. Un gran estuche repleto de pinturas reposaba encima del escritorio. Utilizó primeramente sombra de ojos azul pastel en los párpados de la chica y un poco de sombra blanca bajo del ojo para resaltar la mirada. Una finísima raya de Eye liner negro delineo la parte superior del ojo, colorete y brillo en los labios.

- No te voy a recargar mucho.- comentó Meiko peinando a Sayuri.- mejor un poco natural, te va más con tu estilo.- La miró detenidamente.- Bueno, creo que ya estás, así que nos podemos ir. Son las diez y cuarto.- miró su reloj plateado.- Vayamos con tranquilidad, no me gustan las prisas.

Se desdieron de la señora Onaji y salieron de la vivienda. La pequeña calle ajardinada estaba animada. Algunos vecinos estaban en la calle, jugando al go u otro tipo de juego de mesa, disfrutando de la noche de principios de junio.

- Veo que con Kenichi has hecho buenas migas.- dijo Meiko.

¿Eso a que venía? Sayuri la miró con miedo ¿Qué sabia ella? ¿Tanto se le notaba?

- Es un buen chico, me cae genial.- musitó firmemente sin vacilar la respuesta.

- Si, lo es. Y dime… ¿Oso mucho si digo que puede que te guste?

- ¡¡Ni hablar!! – saltó de lleno, tanto que puede que si que se notara.- Solo lo considero un amigo, nada más. Además está saliendo con Hitomi. Aunque me gustara, no intentaría nada.

- Si bueno… Hitomi… - a ella pareció más fastidiarle el que le nombrara a la muchacha que la propia respuesta.

- Meiko ¿Puedo preguntarte que pasó exactamente entre Hitomi y tu?

- Es una larga historia, demasiado larga…

- Tengo tiempo.

La voz de Hiroshi truncó la conversación. Ya habían llegado a Suitai y el chico las encontró de camino al lugar de encuentro.

- Kenichi me ha llamado.- dijo colocando bien sus gafas.- Se reunirá con nosotros en Black Cat.

Una vez en Soul & Coffee, Sayuri se percató de lo animado que estaba aquella zona para ser domingo. Cientos de personas, mayoritariamente jóvenes, estaban divirtiéndose aquella noche. Tanto las calles como los locales estaban muy concurridos. Las gemelas y  Aiko (la chica a la que conoció la noche del pabellón de primavera) esperaban en la puerta de la cafetería. Se saludaron y fueron hacia Black Cat.

Black Cat era una de los locales más populares entre los jóvenes de Kiwakura. Un gran cartel con un gato negro presidían la puerta de entrada. Había un poco de cola, sin embargo pudieron entrar sin problemas a los pocos minutos.

El interior estaba casi abarrotado de gente, decenas de focos de colores alumbraban la oscuridad del sitio. Una gran barra se situaba a la izquierda, al lado del guardarropa, donde la gente pedía sus bebidas. A la derecha, una gran escalera de caracol subía a la planta superior donde se hallaba una barra mucho más pequeña.

Entraron a duras penas, colándose entre la marea humana que bailaba incesante al ritmo del a música. Sayuri siguió a Hiroshi que parecía saber con exactitud el sitio donde debían colocarse. En uno de los extremos del local había una mesa redonda con asientos pegados a la pared. Entre el tumulto de gente pudo divisar a Kenichi. A la muchacha le dio un vuelco el corazón y con una amplia sonrisa fue hacia él.

- Quiero presentarte a alguien.- dijo el muchacho agarrándola del brazo. En uno de los asientos una chica de cabellos negros y cortos, que caían hasta su mandíbula los miraba sujetando un martini en su mano.- Sayuri… te presento a Hitomi… Hitomi, esta es Sayuri.

La joven la miró de arriba abajo y dibujó una amplia sonrisa en su boca. Dejó el vaso encima de la mesa y se levantó. Sus ojos eran de un marrón tan oscuro que casi parecía negro. Ataviada con una falda azul y un top amarillo que dejaba al descubierto sus hombros extendió su mano tomándola del brazo y le dio dos besos en las mejillas.

- Kenichi me ha hablado muchísimo de ti! – sonrió hasta tal punto que parecía que sus labios iban a partirse.- Tenia muchas ganas de conocerte. Mi novio siempre hace buenos comentarios hacia tu persona.

Sayuri no pudo evitar mirar de reojo al chico, agradeció sus halagos. Rápidamente Hitomi la tomó de la mano y la sentó junto a ella. A su lado, otra chica hablaba con Yukari mientras sostenía un cigarrillo en su mano. Tenía los cabellos muy largos, lacios y de color negro recogidos en una coleta baja. Su piel era extremadamente blanca. Una bocanada de humo plateado salió de sus labios rojizos. Sintió que la observaban y clavó sus ojos en Sayuri haciendo caso omiso a la conversación anterior. Eran de color carbón, muy profundos y extremadamente expresivos. Podía recitar un poema entero sin mediar palabra. Sus espesas pestañas los enmarcaban dándoles más expresividad todavía.

Giró la vista volviendo a Yukari y, por su parte, Sayuri regresó a Hitomi. Esta la miraba detalladamente, cada centímetro de su cuerpo y eso hizo que se cohibiera muchísimo. Buscó a Meiko con la mirada pero no la encontró. Kenichi se encontraba detrás de su novia haciendo círculos con el dedo sobre el hombro desnudo de esta.

- Una vez estuve en Tokyo de viaje escolar.- comentó Hitomi cortando de un plumazo todo pensamiento.

- ¿Ah si? – Intentó mostrarse jovial.- Créeme que acabas por aburrirte de una ciudad tan grande. La gente es mucho más agradable en Kiwakura.

- Suele pasar.- ella vaciló la respuesta y volvió a sonreír.- Yo nací en Osaka y he vivido parte de mi vida, pero a los catorce mi familia y yo nos vinimos a vivir aquí. Y dime… - acercó su cabeza curiosa.- ¿No echas de menos a tus padres? Vivir aquí… sola…

- No mucho. Es normal que les eche de menos pero no imaginé hasta que punto podría sentirme a gusto aquí.

- Ahhhmm… bueno… Pues para cualquier cosa que necesites, aquí me tienes. Podríamos quedar algún día para charlar o tomar algo.

Sayuri asintió junto con otra amplia sonrisa. Kenichi estaba ocupado mirando hacia otro lado, había estado totalmente al margen de la conversación. No se por que Meiko la odiaba, Hitomi era una chica agradable. Recordó también todo lo que su novio le había contado. ¿Tan diferente podía ser? Era una chica muy agradable y pensó que exageraban respecto a ella.

Siguieron conversando un buen rato cuando Sayuri notó que alguien se precipitaba encima de ella.

- Veciniiiiitaaaaaa adoraaaadaaaaa!!!!!! – una alocada Minako se abalanzó y empezó a abrazarla.- ¿¿Queee haceees tuuu pooor aquí??

- He salido a divertirme un poco.- intentó quitarse de encima a la pelirroja ya que la estaba asfixiando.

- ¡¡Waaaaaaa queeeee bieeen!!! ¡Yo también he salido a mover el cuerpo un rato! ¡Mañana al instituto! Uhhgg!!  - levantó la ceja y su piercing se movió haciendo el agujero más visible.- Bueeeenooo pues me voy que estoy con unos amigos! Chaooooo!! – dio un salto, sonrió y corrió hasta desaparecer entre la marea humana.

- ¡¡Que energía!! – pensaron todos a la vez.

- Esa chica me suena muchísimo. – Hitomi dio un largo sorbo a su copa hasta terminarla.

- Hizo de demonio en la obra de teatro de Momotaro, erais compañeras.- La chica castaña intervino con indiferencia.

Hitomi arqueó las cejas asombrada. ¿Cómo podía explicar que la conocía más o menos de antes? Lo que había pasado exactamente es que Sayuri habia sido invitada a ver la obra por su vecina. Una vez allí,  se había fijado en Kenichi y al ir hacia las bambalinas a ver a Minako encontró a ambos besándose. No podía explicar eso, tampoco meter al muchacho por medio. Torció la boca y sentía como la mirada insistente de la chica de ojos oscuros la intimidaba.

- Minako es vecina mía. Al principio de venir a vivir a Kiwakura me invitó a la obra de teatro de Momotaro ya que ella actuaba. – Miró de reojo a Kenichi que estaba detrás de su novia escuchando atentamente.- No es de extrañar que te recordara ya que eras uno de los papeles principales.

Hitomi apretó sus finos labios y miró a la chica. A continuación se dibujó una amplia sonrisa. Sayuri suspiró aliviada para su adentros.

- ¿Tanto se me reconocía bajo aquella peluca y maquillaje? – tocó su cabello sin dejar de sonreír.

La conversación siguió animadamente. La joven castaña miró su reloj y se dio cuenta de que pasaban ya de las una y media de la madrugada.

- ¡Tengo que irme! – Exclamó cual Cenicienta.- Mañana tengo clase a las diez. Si me quitan horas de sueño después no coordino.

Se despidió de todos, incluso de Meiko que había vuelto a aparecer en escena después de un rato. Kenichi fue a decir algo, pero su novia lo interrumpió.

- Que tengas buenas noches.- se despidió con una gran sonrisa.

Sayuri salió del local y se encaminó de regreso a su casa. Hitomi le había parecido una persona muy agradable, pensaba que la gente exageraba respecto a ella. La gente puede tener opiniones muy diversas respecto a la misma persona. ¡No puedes caerle bien a todo el mundo!

Aceleró el paso. Quería llegar cuanto antes a casa. Estaba cansada y la cabeza empezó a dolerle un poco. Llegó a Jurei-Minami enseguida. Shinobu ya dormía y ella no tardó en hacerlo también.

CONTINUARA

Notas de la autora: Este capitulo ha salido un poco largo, sin embargo no podía cortarlo ya que partiría el cumpleaños de Sayuri en dos. Recuerdo que en Sweet Girl los capítulos eras de 5 páginas exactas, lo tenía un poco estipulado, muy cortado. Sin embargo ahora son, básicamente, como salgan xD Por fin Hitomi y Sayuri se han conocido cara a cara. Parece que se han caído muy bien mutuamente ¿Esto influirá? ¿Causará líos? Y Kenichi por medio. Se que Malena me va a matar por las descripciones pero son necesarias. Este capitulo está casi íntegramente escrito en Almería donde he pasado unas mini-vacaciones ^_^ para cualquier cosa que necesitéis podéis escribirme a lucychan84@yahoo.es